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ENTREVISTA A ANDREA JEFTANOVIC
Desde Chile, mon amour

Andrea JeftanovicPor: Juan Terranova. Andrea Jeftanovic nació en Santiago de Chile en 1970. Es socióloga de la Universidad Católica y doctora en literatura iberoamericana de la Universidad de Berkeley. Publicó las novelas Escenario de guerra y Geografía de la Lengua; también el conjunto de relatos Monólogos en Fuga y el impresionante libro de entrevistas y testimonios Conversaciones con Isidora Aguirre. Un cuento suyo se puede leer en El futuro no es nuestro, la antología de autores latinoamericanos editada por Eterna Cadencia en Argentina. En estos días está terminando un libro de entrevistas con escritores como José Watanabe, Lygia Fagundes Telles, Pedro Lemebel, Isidora Aguirre, Luisa Futoransky y Juan Mayorga, entre otros. 

¿Geografía de la lengua es una novela sobre la globalización de los sentimientos?

Sí, es algo que me inquieta, como en otras escrituras me interesó la superposición o el cruce de las historias subjetivas (de los personajes) con la Historia (guerras, dictaduras, conflictos culturales), y cómo se resienten esos macro eventos en las emociones, en las relaciones de las personas. El cuerpo aparece como un lugar en el que se cruza la biografía y los acontecimientos. El cuerpo como un lugar de citas, vitales y bibliográficas. Esta vez quise trabajar el cuerpo como un campo de batalla en medio de un territorio más móvil y abierto. Es el cuerpo de los viajeros que se desplaza, el cuerpo de los amantes crispado por las noticias internacionales; en fin, el cuerpo enfermo que se deteriora, que muta, que se metarmofosea en sus apetencias y posibilidades. La pareja protagónica compuesta por Sara y Alex,  y que habita todo el espacio narrativo, está en constante desplazamiento y aferrada a un mínimo hilo de ficción. Confieso que me inspiré en algo del espíritu de película Hiroshima Mon Amour basada en la novela de Margarite Duras, en la que una pareja decide amarse entre los edificios abatidos tras caer la bomba atómica. Fue mi pequeño, ínfimo homenaje a un libro que me encanta.

¿A qué se debe esa casi obsesión con viajar que tenés? 

Porque en los viajes me siento intensamente joven (aunque ya no lo sea tanto), inmensamente feliz (también lo soy en lo mío). Es que en los viajes experimento una maravillosa sensación de plenitud y novedad de los otros paisajes, de las otras personas que conoces. Casi siempre viajo en estado de gracia, y por lo tanto lo que ocurre para bien o para mal cada minuto tiene un toque distinto. Ahora desde que soy madre los viajes sola también se suma la angustia, la aprensión pero también siento que por unos días me conecto con otras cosas, con una parte de mí que permanece al acecho. En fin como buena libra oscilo entre la libertad y el desarraigo y el enorme apego que tengo con las personas y  los lugares  y las personas. Amo el tiempo de los viajes, los días intensos, las relaciones infinitas, los días que parecen semanas, meses. Además me encantan los mapas, la geografía, los idiomas, la historia; y todo eso se anuda en un viaje.

Desde los dieciocho años no he parado de viajar, me dedicaría si pudiera a viajar por todo el mundo y a escribir diarios de viaje como esas damas del siglo XIX. O bien trabajaría feliz para la guía Lonely Planet. Pero bueno, por ahora estoy ordenando mis notas de veinte años de “patiperreo” para un futuro libro de crónicas de viajes. Mejor te respondo con unos versos de Pessoa que me interpretan totalmente:

Nunca, por más que viaje, por más que conozca

La partida de un lugar, la llegada a un lugar, conocido o desconocido,

pierdo, al partir, al llegar, y en la línea móvil que los une,

la sensación de escalofrío, el miedo a lo nuevo, la náusea-

esa náusea que es el sentimiento que sabe que el cuerpo tiene alma.

Treinta días de viaje; tres días de viaje, tres horas de viaje-

Siempre algo opresivo se infiltra en lo hondo de mi corazón. 

Tus historias hablan por lo general de la intimidad, pero es una intimidad cruzada muchas veces por la ley. Por ejemplo, tu acercamiento a la sexualidad, o incluso a lo erótico, puede tocar temas como la pedofilia o el incesto.

Me gusta escuchar el susurro de los personajes para hacerlos gritar en la página. Me fascina la espesa y misteriosa psiquis humana. Quiero atrapar ese cordel que amarra a la persona a la vida pese a que todo apunta a desintegrarlas. Me interesa trabajar una  literatura que va de adentro hacia afuera, es algo como una metodología, una poética. Me gusta construir  las historias a través de desgranar el interior de tus protagonistas, que se construyen en base a lo que sucede dentro de los personajes y no tanto fuera de ellos. Eso me cautiva y bueno es lo que me sale, uno escribe bastante lo que puede. Y respecto a la erótica y la transgresión a la ley, bueno ahí está todo, desde las tragedias griegas en adelante. Uno sólo agrega algo ligeramente distinto, o enfocado de otro modo, no mucho más.

Y la infancia aparece bastante también. ¿Cómo llegás a estos temas?

El tema de la infancia me viene dando vueltas hace tiempo. Escribí una novela, Escenario de Guerra, protagonizada por una niña de nueve años que era testigo de los traumas de una generación de posguerra. Ni la temática ni la estrategia eran nada nuevo, pero a mí me acomodaba mucho hablar desde ese saber a medias, entender a medias, la descripción plástica, un lenguaje que puedo ser crudo pero sin que se note, la posibilidad de jugar a la violencia, etc.

Luego hice una tesis doctoral, continuada en una investigación que acabo de finalizar, sobre el uso de la perspectiva infantil en narrativa y teatro, entendiendo que es un artificio que permite traspasar convenciones estéticas, discursos y políticas. Hay un supuesto vacío cultural que hace de la niñez una estrategia manipulable. Lo veo como un recurso literario y artístico interesante, plástico, agudo, tramposo. Y creo que en alguno de mis nuevos relatos ensayo de nuevo esa voz, pero no en todos. Son textos contemporáneos en los que se aborda la figura infantil en muchos casos como un sujeto abusado, periférico, cuyo cuerpo es blanco de todo tipo de violencias pedofilia, incesto, el abuso, maltrato, trabajo infantil. Alrededor de él hay muchos tabúes sociales, es un sujeto inquietante. Ahora también se habla de otras problemáticas, “niños abusados” e invisibles para el poder, han sido los pobres, los esclavos, los indígenas, las mujeres, los perseguidos en guerras y regímenes políticos.

¿Cómo ves el teatro chileno contemporáneo?

Vital, dinámico, lleno de propuestas diferentes, escrituras potentes y de vanguardia. Hay una enorme oleada de dramaturgos y directores desde fines de los noventa que montan piezas que no son solo tramas sino verdaderos procesos de investigación que se ponen en escena. Hay mucha búsqueda de lenguajes y estéticas nuevas; un panorama muy inspirador y heterogéneo. Es más es casi imposible abordar la nutrida cartelera. Yo no me banco a la gente que solo hace adaptaciones sin incluir una mirada contemporánea ni un nuevo ensamblaje de los materiales y la propuesta de un lenguaje particular. Todo eso es posible a través de la escritura, el trabajo corporal, la escenografía. Lo que ocurre cada mes de enero, festival teatro a mil, es impresionante. Para acotar mis referencias, destaco a Guillermo Calderón, Manuela infante, Ana Harcha, Luis Barrales, Marcelo Leonart, Chato Moreno, Soledad Lagos, Andrea Moro, Marcelo Leonart, Manuel Oyarzún, y muchos más. 

¿Es verdad que tu foto salió en una afiche de apoyo a un candidato de izquierda?

Sí, participo de la campaña de Jorge Arrate, el candidato de la izquierda, una campaña que nos ha devuelto la ética y la épica. El único candidato que se atreve a pronunciarse claramente en relación a la legalidad de las uniones homosexuales, la necesidad de revitalizar la educación pública, la despenalización del aborto, la soberanía del mar con Bolivia, el salario mínimo ético y tanto más. Una persona honesta, asertiva, que cuando habla te hace sentir en la polis griega, plantea un poder ejercido desde las asambleas y no ese poder que se mueve solo en las cúpulas. En los debates has destacado por sobre los demás, no cae en descalificaciones ni en farandulizaciones, es serio, culto, ponderado y con un humor exquisito. Me gusta y respeto mucho a la gente que compone el comando de Arrate. Se ha hecho un nuevo diccionario sobre los imaginarios de la izquierda, un proyecto bello, que quedará, que resonará. Me parece que el sistema neoliberal chileno necesita repensarse desde núcleos humanistas, con sentido del estado de bienestar, entendiendo que uno vive en sociedad también para armar una red solidaria. No puede ser que todo sea demanda y oferta, es un escándalo, anti-ético.  Se requiere movilidad social, una mayor igualdad de acceso a la salud y la educación. La dictadura nos lavó el cerebro y hay gente que no se da cuenta.

¿Qué  pensás de Marco Enriquez Ominami?

Es inteligente y crítico, su voto representa algo diferente, un descontento, es increíble el porcentaje que ha alcanzado. El problema para mí es que por ahora no veo nitidez política, social, cultural y económica en su programa. Habrá que ver cómo se define en el futuro. De todos modos es sano que aparezcan figuras que rompan la dicotomía del sistema chileno, derecha y concertación, y que se produzca un cambio de generación, la entrada de gente nueva. 

¿Escribirías alguna vez una novela sobre la política chilena contemporánea?

Me encantaría, no sé si me resulte y lo haga, pero sería en clave humor sarcástico, me imagino algo como la Comedia Humana a lo Balzac, una historia llena de personajes secundarios, bufones de la corte, obnubilados por las marcas italianas y las cepas ensambladas, personas que trabajan en el gobierno y luego se van a empresas privadas del sector de su cartera para “compartir” información privilegiada. También escritores y agentes culturales preocupados del rating, de la moda y la farándula. Tribunas mediáticas para la descalificación y el cultivo del amistazgo; algo de circo romano. Poco pluralismo, poca heterogeneidad. La verdad, que por ahora no la escribiría porque me amargaría.

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