UN PROYECTO PARA EL VERANO |
| Versiones de César Aira |
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Un desafío menor
Más allá de sus lecturas, a Quintín le gusta verse leyendo a Aira y evidentemente le causa placer describirse en esa posición. Por eso es innecesario que se lamente en cada entrega de no avanzar más rápido. Un blog polimorfo y vivo, que se maneja a temperatura ambiente, como La lectora provisoria, desordenado y efímero en sí mismo, se me antoja el mejor lugar para ensayar sobre “todo Aira”, un universo profuso y prudentemente unplugged. (Hay una obra de John Cage donde, si no me equivoco, un órgano de iglesia tocado por un robot cambia de acorde cada cinco o seis años. Bien puede, entonces, un crítico aguerrido usar ese tiempo o más para leer los libros de un escritor hiper-productivo.) Muy lejos de un emprendimiento de esta envergadura, lo que presento a continuación, mi propio desafío, es menor. (Y uso la palabra “menor” tratando de jugar una vez más a la ingenuidad.) Así, empujado no por un escriba de los arrabales como le sucedió a Quintín, sino por el advenimiento del verano bicentenario donde los valores patrios y tradicionales –con los que Aira dialoga permanentemente– afloraran, suponemos, de las entrañas telúricas de la tierra, me enfrento a la obra inmensa del Gran César. Lo hago menos con ímpetu metódico o exhaustivo que como un caminante que se finge despreocupado, que mantiene la sangre fría frente a los accidentes y que sigue antes su humor que un mapa o un itinerario aprobado. El verano, como queda claro, será determinante en este recorrido.
Enigma
Mi plataforma de lanzamiento, entonces, se construye con estas ganas pero también con la arrogancia, acaso imperdonable, de pararme, por lo menos una vez, de frente a lo que entiendo es el Enigma Aira. Como ningún otro autor contemporáneo vivo, Aira es en sí mismo un misterio, un interrogante, incluso una pregunta que puede ser tanto un “¿qué?”, un “¿cómo?” o incluso un “¿hasta cuándo?”. Sin cronología, con lecturas aisladas de su obra, escuchando su voz diciendo que no da entrevistas en las muchísimas entrevistas que da, prometo, y de seguro cumpliré, menos que Quitín. En las diferentes formas de su escritura, Aira se me reveló, entre otras cosas, como un escritor conservador, un tardo-vanguardista ingenioso, un prosista de inagotable talento, pero también, y no menos contradictoriamente, un performer, un impostado, un escondedor neurótico, un erudito, el Fukuyama final de la gloriosa literatura argentina del siglo XX. Desde hoy y quizás por un tiempo en esta columna, hacia él iré como la polilla a la lumbre.
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Por: Juan Terranova. Hace un tiempo, Quintín anunció en su blog un proyecto llamativo. La idea era leer todos los libros de César Aira en orden de escritura dedicándole una reseña a cada obra. El título del post bautizaba el emprendimiento: “Proyecto Aira”. Los curiosos pueden remontarse al 17 de febrero del 2008 en 
