| SOBRE MUSULMANES DE MARIANO DORR |
| Querido diario químico |
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Héroe combate monstruo
Se sabe: las películas de cable, las películas de industria, las películas clase B, tienen una fórmula recurrente y efectiva. Todo parece derivado del enunciado “Héroe combate monstruo mientras enamora chica”. Las variaciones, que van desde el relato bélico hasta la comedia romántica pasando por Superman y Batman, pueden ser tan infinitas como la vida misma. En el caso de Dorr, el monstruo es otro. Y la chica está desdoblada. Es mujer embarazada y niña al nacer. El enunciado que sintetiza la trama de Musulmanes, entonces, podría ser: “Joven intelectual porteño intenta dejar la cocaína mientras espera el nacimiento de su hija”. Desde allí se parte. ¿A dónde se llega? No hay gran sorpresa al final del libro. A menos que el amor sea, hoy en día, una gran sorpresa.
Textura
La textura de diario, su velocidad, su organización en fragmentos, hace que Musulmanes nos recuerde a un blog. Es el link rápido de nuestro contexto histórico. Pero la escritura ajustada de Dorr, ligeramente desbordada, desmiente la instantaneidad o los vitalismos salidos de cauce. Por otra parte, hay una resignación dura en la novela. Dorr autor y Dorr protagonista comparten el placer de decir las cosas en forma directa. Por ejemplo, “En mi colegio leían los perdedores. Los ganadores eran analfabetos.”. Otra: “Nos encantaban las ruinas del pensamiento, aunque vos te volvieras loca, aunque yo me volviera loco”. Y otra más, en voz de un personaje lúcido y pragmático: “Para tomar cocaína hay que ganar mucha plata y estar dispuesto a ser infeliz”.
Masoquismo porteño
No hay lugar para crueldad en Musulmanes, salvo la muy presente crueldad autoimpuesta, el autodolor. Los obstáculos contra la que combate la voz narradora del relato son, entonces, las limitaciones propias. Por eso, porque el dolor es autoimpuesto, Musulmanes no es La naranja mecánica argentina. Pero se acerca bastante a una versión local. Una versión desfigurada, posible. Están los neologismos, la mayoría, quizás todos, muy acertados. Reformulando podríamos decir: Musulmanes es el cruce de La naranja mecánica con la extremadamente sensible cultura humanista porteña, antes dada al masoquismo –segura cuota de placer– que a la explosión externa de la hiperviolencia. Pánico y locura, entonces, pero no en Las Vegas, sino en Palermo y con Derrida y el psicoanálisis como música de fondo y bibliografía obligatoria.
Aceleración
Escrita en el género “novela de consumo y deseo”, llama la atención y se agradece que no haya en Musulmanes oscuros pantanos, delirios místicos o tortuosos caminos clausurados. Tampoco están los remanidos episodios de abstinencia. La relación consumo-trabajo-dinero, la marca de estilo en los dealers –cada uno, una novela en sí mismo–, incluso la aterradora paranoia entre amigos aparecen descriptos con movimientos diáfanos y comentarios auto-irónicos y cristalinos. Así, después de leer el meticuloso entusiasmo de la ingesta de drogas, su proceso de adquisición y las diferentes situaciones erótico-químicas, el lector seguramente preguntará quiénes son los “musulmanes” del título. La respuesta llega sobre el final. Los “musulmanes” son los condenados de los condenados, o sea, los condenados en aceleración. Y la velocidad, en este caso, está dada alternativamente por la neurosis extrema o la histeria a temperatura ambiente. Todavía más cerca del final de la novela, el narrador se para frente a un kiosco de diarios de la 9 de julio y dice que lo que hay ahí es “un elocuente resumen de lo que se lee hoy en Buenos Aires”. La lista es acertada. Y Musulmanes, tomando ese reflejo, podría ser un muy elocuente compendio de lo que algunos, ¿los lectores? ¿los jóvenes intelectuales? ¿los intelectuales a secas?, hacen en esta ciudad.
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Por: Juan Terranova. Es inevitable que a veces uno llegue tarde a ciertos libros. Todas las excusas sirven en este caso. Igual, confesarlo implica cierto pudor. Hace unos días terminé de leer Musulmanes, la primera novela de Mariano Dorr, editada en el 2008 por Casanova. Mientras leía, mientras disfrutaba la lectura, pensaba “esto me tendría que haber llegado antes, ¿por qué no me llegó antes?”. (Así de importante me siento a veces.)
