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LA MASA Y LA LENGUA
Sobre Twitter

TwitterPor: Juan Terranova.  En su edición del 24 de diciembre del 2010, Noticias sacó en tapa al pajarito de Twitter y lo declaró personaje del año. Por una vez, la portada de esta popular revista se continúa en una nota más a menos a la altura de los que se promete. Darío Gallo cuenta cifras, recopila datos, amolda estadísticas, y analiza, sin mucho esfuerzo, los usos de la red social. También habla de políticos y famosos sin discriminar, como si fueran dos versiones muy contiguas, casi homologables, de lo público. Se suman algunos columnistas diciendo gansadas (el más conspicuo es Guillermo Jaim Etcheverry que se pregunta, desde la ignorancia: “¿Qué llevara a las personas a pensar que detalles intrascendentes de su vida y entorno pueden interesar a alguien?”). También se habla de los negocios que se pueden hacer por el medio y un recuento de las peleas mediáticas que se dieron este año. ¿Qué se olvida Gallo en su nota? Algo importante. Las cifras no alcanzan para que el lector sienta que se está tocando el núcleo duro, la vida de Twitter. ¿Y dónde está eso? En la intersección entre la masa y la lengua.

Si se lo mira retomando la tradición literaria popular, Twitter tiene menos secretos. La primera instancia podría ser buscar la voz privada que se hace pública de una forma rudimentaria y directa. Si el soporte produce y condiciona las reglas de un género, el género siempre tiene tradición. El archivo registra la pintada, el graffitti, la poesía de pared, desde Pompeya y su erotismo hasta los aerosoles de la década del 80. Más sofisticada, la definición de la poeta Belén Iannuzzi es inteligente. Marcando una diferencia con Facebook, dice: “Tuiter es como un Anna Livia Plurabelle de las redes sociales, donde el lenguaje y la comunicación se tensan al extremo”.  Una pared breve pero continua, entonces, donde todos pueden escribir su neurosis.

Pero el pajarito también tiene otras aspiraciones. No sólo se trata de la comunicación rudimentaria y accidental, de la consigna política, de la agresión verbal, de la marca y la líbido. El logos está demasiado presente y lo hace, como decíamos, de forma inapelable. En Twitter se escribe. No hay ni hubo ningún medio, ninguno, donde el logos en su forma escrita se haga presente de forma tan permanente y masiva. El artista conceptual que firma @mavrakis agregó en una línea una dimensión diferente en sintonía con las nuevas formas del periodismo. Para definir Twitter dijo “entretenimiento filosófico de calidad”.

Pese al planteo general del sitio –los 140 caracteres, los colores pastel, la estética arty– Twitter no es medio minimalista. Mejor le calzaría, si entramos en el siempre riesgoso juego de las analogías, la vieja máscara barroca. Mucha gente en un estadio hablando con amplificadores distorsionados y todos tocados con la careta de su avatar. Y sin embargo, pese a todo, entendiéndose, encontrándose y agrupándose. De hecho solamente un observador externo y ajeno presencia ruido y homogeneidad. Lo que sí hay es un ligero autismo. Pero ni siquiera. Como en todas las largas conversaciones, puede haber gente más dispuesta a oír y otras a hablar. Lo que más impresiona a estos observadores externos, por lo general cocidos en el fuego lento de la modernidad, es el poco peso que se le da a un enunciado, la desjerarquización casi completa, la desestimación propia y del otro. En Twitter, como en Bach, las líneas son al mismo tiempo sólidas, livianas y relativas.

Quizás uno de los libros más útiles para entender Twitter sea El pliegue, Leibniz y el barroco de Gilles Deleuze. Su primera frase es un tuit: "El barroco no remite a una esencia, sino más bien a una función operatoria, a un rasgo. No cesa de haber pliegues". Y en Twitter todo está esencialmente plegado. Los nombres tienen otra cara, la información circula con otro nombre, la mentira se hace verdad, y la verdad se borronea. Se realizan acusaciones serias, se intentan chantajes, se argumentan defensas, pero sobre todo se acusa y se insulta, la mayoría de las veces con ironía. El lenguaje abandona su aspiración de sentido último y fijo, y se dobla, muchas veces más de lo que puede soportar un sujeto formado en el siglo XX. Volviéndose un rasgo, una raya más en el entramado, las frases se vuelven parte de una filigrana azarosa que imita el dripping de Pollock.

A nivel “lengua”,  el registro puede ser oral pero siempre en el detalle. No hay espacio para más. Improductiva, ociosa, con abundancia de seudónimos, heterónimos, sarcasmo y cinismo la red se para muy cerca de los medios y la política pero al mismo tiempo nunca es “la política” o “los medios”. De hecho, es como una evolución del comentario del blog, su hijo astuto, aceitado. La escena de nacimiento podría ser así: “El lector mira la pantalla y dice: ¿para qué voy a leer la nota o el posteo, si lo mejor está en los comentarios?”. El gesto, esa mirada que escrolea y llega hasta donde está lo dulce, ya es un descubrimiento viejo.

Creo que la mejor bibliografía para entender el fenómeno twitter, es la biografía esquiva y la producción blanda del poeta bahiano Gregorio de Matos y Guerra. Aunque sus fechas de nacimiento y muerte no están claras, Gregorio de Matos y Guerra existió físicamente entre 1630 y 1700 en San Salvador de Bahía, en ese momento uno de los centro comerciales más importantes de América. Su obra está compuesta de sonetos satíricos que no firmaba y que desarrollan una especie de mirada mordaz sobre la vida y la política de su ciudad y su momento. La acidez y violencia de sus comentarios hicieron que se ganara el apodo de “Boca do infierno”. Muchos de los poemas que se le atribuyen circulaban manuscritos en páginas sueltas o se rotulaban en las puertas de la casa. Los problemas de autoría, producción, circulación y el despliegue del factor “aquello que pensamos pero no decimos” hacen de la crítica especializada en Gregorio de Matos y Guerra una gran cantera de insumos para comprender o al menos intentar pensar los diferentes contorsiones de nuestro timeline.

Ý finalmente habría que decir que twitter es un virus. Como los viejos gusanos que viajaban por la web, llegaban con la conexión, se instalaba en una computadora para infectarla. Pero este nuevo virus no afecta al software ni al hardware de tu clon sino que entra en tu cerebro. Como todo lo que nos interpela, nos modifica, y la gran pregunta es cuál es su capacidad real de daño. Desde luego, lo digo con un poco de ironía, y por supuesto también con algo de resignación.

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