| CLÁSICO INFANTIL |
| Sobre Maria Elena Walsh |
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2. Podría decir que no significó nada importante para mí. Pero eso sería falso. María Elena Walsh ocupa un lugar de sentido en mi infancia y en la de muchos otros. Lo primero que podría decirse, entonces, es que María Elena Walsh acompañó la educación estética inicial de muchos argentinos. Hay otros mojones culturales que se le parecen. Quino, por ejemplo. Les Luthiers. El Conjunto ProMúsica de Rosario. Y ahora que los pongo en fila me doy cuenta de que hay cierto destilado progresista en esos consumos.
3. En el caso de María Elena Walsh, más allá de sus libros, lo que resulta “bibliografía obligatoria” en la infancia son sus canciones. Manuelita, Mono Liso, etcétera, ocupan el lugar de personajes argentinos clásicos. Sobre esto no hay duda.
4. Recorriendo un poco su obra en wikipedia llego a la conclusión, rotunda, de que no le otorgo ningún valor ni positivo a su obra.
5. En mi infancia, al mismo tiempo que consumía María Elena Walsh también realizaba un aprendizaje, acelerado, en otros soportes y géneros. Y recuerdo había algo en María Elena Walsh que no se llevaba bien con las pantallas. La elección era entre la dinámica de la TV, que resultaba primitiva y bestial, y la propuesta “bien pensante” y suave, deliberadamente infantil de las tortugas de María Elena. Yo elegía, sin dudarlo, la televisión.
6. Desde esa dicotomía es posible pensar que había algo represivo en la música de María Elena. Algo que sonaba bien por arriba pero abajo estaba mal. María Elena era, y lo sigue siendo, la avanzada blanca del progresismo. En ese momento primordial yo no lo sabía pero lo intuía.
7. Hay una frase: “Es sano”. María Walsh era y es “sano”. ¿Qué sería lo enfermo? Otro lugar común: “Les Luthiers no dicen malas palabras. Hacen un humor para toda la familia”.
8. Pero sería injusto con María Elena Walsh si no le reconociera algo más, aparte de su lugar central como creadora de un género como el “infantil” que excede el soporte libro o la música. Ella me enseñó que donde hay mucho consenso hay también mucha resignación y muy poca vida. Entendiendo “vida” como lo impredecible, lo que aparece y se mueve, lo que puede responder de una manera que no es la que se espera.
9. Curiosamente su “obligatoriedad” ahora no se verá reforzada por su muerte. María Elena Walsh era, y lo seguirá siendo, un “clásico obligado” para la infancia. Los padres la seguirán canonizando, por inercia o convicción. Luego, los hijos, una vez más, tendrán que ver qué hacen con eso.
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Por: Juan Terranova. 1. El 10 de enero murió María Elena Walsh y me propongo escribir sobre ella como personalidad literaria. Enseguida me doy cuenta de que no me va a resultar simple hacerlo. Lo mejor que puedo hacer es preguntarme por qué. ¿Por qué no me resulta simple escribir una columna sobre María Elena Walsh?
