| SOBRE UNA ENTREVISTA A MARTÍN KOHAN |
| Apunte sobre la critica |
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Primero, algo con lo que Kohan insiste de una manera ya un poco cansadora: su importancia relativa, su poca relevancia. “No soy interesante” suele decir. Sin embargo, pese a estos movimientos de autodescalificación, de corrimiento, de sustracción, pese a este juego recurrente con la humildad, de su generación, Kohan es hoy uno de los escritores más relevantes del campo intelectual argentino. Su injerencia en otros campos se me escapa, pero es difícil negar el Premio Herralde de Novela en el 2007 y el lugar de visibilidad que ocupa en la Universidad de Buenos Aires, más allá de su sostenido y comentado ritmo de publicación.
¿Qué quiero decir con esto? El autor de Cuentas pendientes va camino a ocupar el centro del canon, el cual ya bordea. Avalado por nombres tan contundentes como el de Beatriz Sarlo, con un buen ganado prestigio de profesor probo y concentrado, con, insisto, una sostenida actividad editorial, cuyos temas tratados siempre desde un realismo no ortodoxo son la política y la historia, Kohan incluso profesa posiciones orales de izquierda que lo completan como candidato a referente central. En la entrevista que le hace Mavrakis incluso llega a decir: “Mi definición es bastante estandarizada. Es eso que llamamos izquierda”. Agreguemos a esto que sus novelas están empezando a ser filmadas.
Desde luego todo es relativizable. Kohan no tiene a cargo una cátedra en la UBA, aunque es muy probale que logre tenerla en algún momento. Y desde luego, su nombre y los temas de sus ficciones lo alejan de figuras glamorosas como Martin Amis o Julian Barnes, aunque comparte editorial con ellos. Sin embargo, estoy seguro que un retrato no necesariamente incisivo de Kohan hoy nos daría los rasgos centrales del escritor que acumula autoridad dentro del organigrama de las fuerzas literarias contemporáneas.
En este sentido, la segunda cuestión que me llama la atención de la entrevista de Mavrakis es esta pregunta y su respuesta:
“–¿Qué elementos creés que le faltan al campo cultural?
–Me parece que hay un déficit en la crítica literaria, y lo digo siendo también crítico literario. Me considero, antes que nada, profesor, pero al hablar de crítica también hablo de mí mismo. Hay un papel que cumple la crítica y que a veces se espera que cumplan los escritores: que se definan, que se posicionen, y eso es más legítimo que lo haga la crítica.”
La pregunta es clara, pero la respuesta resulta enrevesada. La culpa recae aquí más en el entrevistador que en el entrevistado. ¿A que se refiere Kohan con “deficit en la crítica literaria”? Si se refiere, y creo que es eso de lo que habla, a que a la Argentina le faltan críticos literarios, no puedo estar más de acuerdo. Desde el advenimiento de la web, lugar para ejercer la crítica hay. Ya no se le puede achacar a los suplementos culturales y otros soportes de papel la falta de apertura. Hoy vivimos en un campo cultural semi-abierto gracias a las tecnologías de intercambio digital. Sin embargo, es verdad que faltan escrituras críticas que generen a su vez otras lecturas. Como bien dice Kohan, él también es responsable de eso. Antes que como crítico, como docente de una carrera cuyo fin último es enseñar a leer, Kohan es responsable de que no se generen ese tipo de escrituras. Recuerdo, como contra ejemplo, un productivo seminario de Sylvia Saitta donde se tomó como objeto de estudio la narrativa de la década del 90. De ese seminario, inédito en su momento, surgieron muchísimas lecturas y planteos que excedieron al ámbito académico. Más seminarios como ese son necesarios hoy.
Luego, no puedo más que suscribir con énfasis a la queja final de Kohan. El agresivo y desídico periodista cultural que le pone el grabador al escritor para que hable de su obra y se defina es una práctica deleznable que debe ser reemplazada por lecturas. Pero el reclamo también es para los becarios que muchas veces corren atrás de la zanahoria del Conicet con proyectos de investigación que atrasan eones. El campo intelectual argentino sería mucho más rico y mucho más interesante si en vez de “periodistas culturales” o “académicos”, las diferentes casas de estudio donde se forman los nuevos periodistas produjeran críticos esmerados en ser, como decía Hegel, contemporáneos de sí mismos.
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Por: Juan Terranova. Nicolás Mavrakis 
