Diabolik

Por Juan Terranova.Lunes. Me fui unos días a Italia. Volví hoy. No compré libros. Me traje unos Diabolik, il giallo a fumetti, y un tío me regaló Vecchia Calabria de Norma Douglas. Hace unos años habría cargado un pequeña biblioteca de vuelta. Hoy con el Kindle no tiene sentido. ¿Por qué no habrá prendido Diabolik en Argentina? Los lectores de Columba lo disfrutarían y lo entenderían sin mediaciones. Quizás por la existencia misma de Columba, y autores como Robin Wood, instalarse se le hizo imposible. Diabolik me gusta. Disfruto el italiano eficiente y rústico, funcional, en que está escrito y sus pliegues morales y estéticos me seducen pese a su aparente simplicidad. Al mismo tiempo reconozco que Wood es mejor que las hermanas Giussani. Debería haber comprado un Nippur para escuchar como suena en italiano. Detrás de todo, de mi viaje, de mis compras, de mis olvidos, la pequeña Italia, la del comercio, la del fumetti masivo, la Italia sufrida y a penas burguesa de la dopoguerra. El sur desdoblado en patria chica y ciudad grande. La questione meridionale y Buenos Aires. Cómo no ser fatalista, cómo no ser católico, cómo no honrar la alegría del mal gusto y elogiar la buena educación y la gestualidad extrema teniendo esas raíces.

Martes. Me pongo al día con algunas cosas. Una entrevista a Sebreli, por ejemplo. Pregunta: “¿Coincide con que el kirchnerismo promueve una polarización de la realidad?”. (Ya como pregunta esto es raro.) Respuesta: “Sí. Es lo que plantea Carl Schmitt y que expresan el nazismo y el fascismo, dos formas exacerbadas de populismo”. ¿Se trata de una entrevista sobre la vejez? ¿Sobre la estupidez? No, creo que es más bien un precioso texto sobre la falta de pudor y el autismo. Más. Editorial sin firma de La Nación titulada “1933” donde se compara al kirchnerismo con los inicios del nazismo usando de único apoyo el tema de las fechas. 1933, 2003, 2013. Mi conclusión: Algunos argentinos desean y quieren ser confirmados en la violencia. Sus cuerpos piden presión, laceración, dolor... The ultimate fantasia SM. La solución final a su neurosis. Esos son los que leen esto y asienten. Atrás, Maquiavelo con su máquina de calcular y un lápiz sin punta en la oreja.

Miércoles. “La existencia de los diarios se basa en la necesidad de leer que tiene la gente” dice Bioy en su Borges. Me gusta la idea. Es simple y también bella y siniestra. No se trata de noticias, de información, de “estar informado”. Ni siquiera se trata de “entretenimiento”. Hay una necesidad de leer. La palabra “necesidad”. Nada más que eso. Una necesidad de leer. Pese a todo, como un gesto humano o humanizador.

Jueves. Leo que el total de datos con los que trabaja Google tiene un tamaño de 1oo millones de Gb. No me parece mucho. También leo que para ver todos los vídeos de YouTube que se activan en trescientos sesenta y cinco días harían falta 450.000 años. (El redactor, agrega, astuto, que el hombre lleva en la Tierra unos 225.000 años.) Otro dato: Google compró desde el 2010 más de una empresa por semana. Hace menos de veinte años se hablaba de los microfilms como la tecnología que iba a salvar el conocimiento humano. Internet hace que las ambiciones intelectuales del siglo XX parezcan ridículas.

Viernes. Leo la historia de Hans-Jürgen Massaquoi, un negrito que de chico quería ser nazi porque vivía, inmunidad diplomática mediante, en la Alemania de 1930. Era nieto de un embajador africano y no lo dejaron entrar en las Juventudes Hitlerianas ni más tarde en el ejército. ¿De qué forma llegué al blog que ofrece esta historia? No lo sé, pero me quedo leyéndola. ¿Cómo terminó Hans-Jürgen? Trabajando de periodista en Nueva York. Bien. Eso debería decirnos algo, no tanto sobre la negritud y el nazismo, ejemplos fáciles de las víctimas y los victimarios, sino sobre las más melindrosas aspiraciones, el pasado y el destino final del hombre que se dedica a escribir sobre la coyuntura del mundo. Massaquoi falleció el pasado 13 de enero en Jacksonville, Florida.