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Por Juan Terranova. Lunes. Uno siempre puede empezar un relato con un strange fact. Sobre todo si es algo hermoso y contundente y crea algún link mental, si fuerza alguna metáfora, si extravía un poco el sentido para recobrarlo de otra manera. Por ejemplo, se puede decir que los piojos logran saltar doscientas veinte veces su altura. Si un ser humano pudiera hacer eso, significaría que podría saltar por arriba de dos, no una, sino de dos pirámides de Egipto. Y enseguida, este strange fact se pude rubricar con una alusión resignada al estilo “pensar que hay veces que no me puedo ni levantar de la cama para ir al baño”. Los strange facts también sirven para empezar la semana. Aunque empezar la semana siempre es más difícil que empezar un relato.

 

Martes. Se dice que una vez que aprenden a usar el dinero, los monos ofrecen pagar por sexo. (Traducción libre del semi-aforismo: “Once taught how to use money, monkeys will pay for sex.”) ¿Por cuántas cosas pagarían si tuvieran monkey-money? La escena de un mono adinerado me lleva a una mínima noticia. El BCRA comunicó anoche a los bancos que se emitirán nuevos billetes de cien pesos en series AA, BA y CA porque se quedaron sin letras del alfabeto para numerarlos. El diario La Nación avisa de esto y no se ahorra un golpe indignado. Previsiblemente el tema de cómo fabricar la plata siempre trae suspicacias. El general Roca está muy bien elegido para ilustrar esa cifra. Aunque la imagen de la conquista del desierto del anverso es demasiado ascética, demasiado estilizada. Un grupo de soldados a caballo con quepi y espadas. Nada más. Aunque pensándolo bien eso ya es bastante intimidatorio... No hace falta que aparezcan degollando indios. (De paso, Julio Argentino me parece un gran personaje y es espléndido tenerlo en el dinero.) La noticia también me hace acordar de una novela de Tibor Fischer donde al protagonista le gustaba la letra Z y si encontraba un billete con Z en la numeración se ponía feliz. (O más bien se pone feliz cuando roba un banco y los billetes que se lleva tiene todos la Z.)

Miércoles. En un pliegue de Facebook, me piden que le ponga “me gusta” a una fan-page que invita a donar semen. Es como si quisieran aprovecharlo todo de los cibernautas. “Tu. Valijero. Manoseador. No veas porno, no lo derrames, donalo.” Especie de reedición amable del diálogo que nunca tuvieron Onán y el Dios del Antiguo Testamento, que por cierto era bastante mandón e irritable.

Miércoles. Leyendo Wikipedia encuentro las biografías de Franz Joseph Gall, el inventor de la frenología, y después en la de Luciano de Samosasta. A veces la historia primero provee al ironista, y después larga todo lo demás. (Y, desde ya, el ironista es un viajero de lengua aramea y cultura grecolatina, que escribió en griego ático, nacido en Siria. “Es muy posible que enseñara retórica en algún lugar del Imperio Romano” dice, enigmática, Wikipedia.)

Miércoles, más tarde. “En la localidad mendocina de Guaymallén, una mujer de 90 años, que vivía con cinco perros, fue hallada sin vida por su sobrino. La víctima tenía el rostro desfigurado debido a la mordida de las mascotas. Al parecer, falleció por un paro cardiorrespiratorio.” ¿Por qué siento que esta historia de traición y hermosa ironía, la mano que da de comer es mordida en su cara muerta, ya la escuché antes? Muchas caras de viejos y viejas solitarios comidas por perro y gatos. Lo doméstico y la muerte. El eterno retorno del Heimlich/Unheimlich.

Jueves. En el subte puedo leer parado si no hay mucha gente. Nunca es más de veinte minutos. Una, dos, tres, cuatro páginas y ya llegamos a destino. Si leo poesía en el subte tiene que ser muy muy buena. Si es mala, me fastidio. Las cosas que se hacen bajo tierra no nos afectan de la misma manera que sobre la llanura.

Viernes. Desde muy temprano entro en las redes sociales y empiezo a agredir a Jean Jacob Rousseau. ¿Por qué? Al principio no lo sé. Después comprendo que, por auspicio de una coyuntura que no es inédita, me pesa esa frase fatídica que escribió en el Emilio: “El hombre es bueno por naturaleza”. No se trata de que haya tenido una mala semana chocando contra recursos humanos. (Fue más bien regular.) Pero el tema es tan delicado. Hay gente buena, llena de excelentes intenciones, y de golpe generan tanta y tan variada maldad... Michel Onfray catalogó rápido y bien esa máxima roussoneana como una de las frases más estúpidas jamás dichas. Siguiendo el hilo de Ariadna digital encontré un breve catálogo titulado “10 Reasons Humans Are Naturally Evil”. Me pareció convincente.

Viernes, un poco más tarde. En la web, una mujer comenta una de mis injurias señalando que Rousseau jamás dijo la famosa frase. Extraña reivindicación. Repaso una edición en pdf del Emilio y no la encuentro. Pobre Juan Jacobo, ni siquiera detenta la autoría de su error más famoso.

Viernes de madrugada. Un redactor inspirado en la etiqueta del Malbec 2011 de Finca La linda: “La elegancia debe mantenerse hasta en el encuentro casual. Es por eso que nuestro Malbec está pensado para distinguirse hasta en la más improvisada reunión, aportando intensidad al momento”. Un verdadero género menor, pero que placer frecuentarlo y encontrarlo escrito con probidad.