PUESTA EN ESCENA
Conferencia con menú fijo

conferencia de prensaPor: Adriana Amado Suárez. Quisiera ponerme en la cabeza de un ciudadano no demasiado informado frente a la amenaza masiva de “conferencia de prensa” que circuló este fin de semana. Cinco días hace que los medios no hacen más que hablar y hablar de ella: en el noticiero, en las tapas de los diarios, en la boca de cuanto opinador esté a tiro de un micrófono. Pero ¿qué significará para la gran inmensa mayoría de pobladores este asunto? Fue presentada como si fuera el hito político del lustro, fue calificada como un primer paso equiparable al de Armstrong en la Luna, fue comentada como si se tratara de la medida más importante de la gestión presidencial… Pero ¿qué nos ha dejado? ¡Nada! ¡La ciudadanía sabe lo mismo que sabía el sábado por la mañana!

Que alguien explique para qué sirvió esta conferencia de prensa. Los manuales dicen que es un sistema que facilita el acceso de información a varios medios en forma simultánea. Y que sirve a la información pública porque permite que toda la prensa, sin distinciones ni privilegios, acceda y transmita al mismo tiempo declaraciones y revelaciones necesarias para la sociedad. ¿Es lo que ha ocurrido? No, nada de eso. De conferencia tuvo, apenas, la puesta en escena. Y la ansiedad de las partes por encontrarse en un espacio que un lado declaró prescindente y que el otro cedió, durante cinco años, sin demasiada resistencia. Pero información, lo que se dice información de valor ciudadano, no hubo ninguna.

Es cierto que ambas partes estaban fuera de entrenamiento: a los declarantes les cuesta dejar la pose de anuncio feliz; y a los preguntantes, salirse del menú fijo informativo. Y también lo es que tuvieron prioridad de pregunta los medios que vienen teniendo prioridad de acceso al poder, y siguieron afuera los que están excluidos del círculo áulico de la información K. Excepto los periodistas extranjeros, que preguntaron, sí, pero siguieron sin respuestas.

Lo único importante es que tanta alharaca a la sociedad no le significó nada. Ni una línea novedosa en el diario del domingo. Ni una explicación sobre qué le aportó a la ciudadanía la visita de los periodistas al quincho presidencial. El ombliguismo del poder solo es equiparable al ombliguismo de una prensa que celebra para sí los canapés del sábado sin que pueda ofrecerle a su público más que la anécdota de la perra presidencial saludando dócil a los invitados. ¿Y si la próxima hacemos algo que entendamos todos? Quizás entonces la maratón repetida de los Simpson’s no cuadruplicaría en audiencia al atril presidencial, que el zapping hogareño encuentra demasiado repetido.

Todo esto me trajo a la memoria un episodio del Superagente 86 de hace un par de domingos, en donde el inefable Maxwell Smart y la 99 fueron descubiertos en su vano afán de hacerse pasar por reporteros. “Dígame una cosa --interpeló el agente a punta de revólver-- ¿cómo se dio cuenta de que no éramos periodistas?”, a lo que el villano respondió: “Es que estaban haciendo demasiadas preguntas”. A esta altura, no me causa ninguna gracia.

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