Crónicas + Desinformadas

El ser humano es un bicho extremadamente frágil. Súbale unos dígitos la temperatura durante un par de días y enloquecerá. Primero, sentirá la pesadumbre propia del calor sofocante. Luego, la pesadilla de trasladar un cuerpo que se resiste y tironea hacia el sillón. Por último, el descubrimiento que revela una vida sin pileta, rodeada de asfalto, bondis, bocinas y transporte en subte que equivale a ser tragado por el mismo infierno.

Cuando era chico, digamos 14 o 15 años, yo quería ser como Rod Stewart. Bah, no sólo yo: todos mis amigos. Toda mi generación. Para ese entonces, Rod sacaba uno de sus discos más vendidos: “No funciona”. Aún recuerdo esa portada –yo lo tenía en casette-: Rod en una silla, la cabeza gacha, el rostro escondido y ese pelo puntiagudo que lo hizo tan famoso –luego me enteré que de joven, lo moldeaba con mayonesa-. Llevaba los jeans destrozados, 30 años antes de que se usaran los jeans destrozados. Y Rod era así, siempre lo fue: un adelantado. 

Despedimos años más o menos potables, más o menos críticos, más o menos dignos, más o menos triunfales. Y a todos ellos les dimos sus merecidos petardos, brindis, corchazos, fogonazo multicolor en el cielo. Los dejamos partir como quien se levanta de la butaca tras una película. Por más bodrio que haya sido, siempre encuentra forma de sacar alguna moraleja.

Habrá visto que hay carreras universitarias para todos los gustos. Antes, si no eras ingeniero, abogado o médico estabas frito. Hoy en día, sin embargo, no sólo la diversidad de carreras abunda además se sumó un ingrediente inesperado: la escuela de video game. No es broma.

No verá tanta bondad en sangre en el hombre occidental como en tiempos navideños. Se pone romántico, soñador, propenso al regalismo masivo. Toda ocasión es buena para un abrazo. O para justificar el brindis. 

Nadie conocía tantas historias demenciales como mi amigo. La tarde que organizó un casting de freaks –vino hasta un gigante genio de las matemáticas-, la noche que se le escapó una araña en un boliche, la vez que lo visitó Iggy Pop, sus tertulias con Luca Prodan. La última noche que vio a Polo antes de zambullirse bajo las vías del tren.

Entre tanto furor por la cocina mediática, y tanto chef con aura de Gato Dumas, que exista alguien como Donato de Santis es un milagro. Es la estrella de Master Chef, uno de los programas más bizarros y pop de la tevé y sin embargo, mantiene su corazoncito tano intacto. 

Pasaron 20 años de la partida de George Harrison y su ida parece ayer. George no sólo fue un guitarrista irrepetible: un loco que llegó incluso a dar vuelta sus solos en los Beatles y grabarlos al revés. Además, fue uno de las primeras estrellas en empalmar rock y espiritualidad. George viajó a India en 1968 y se enamoró perdidamente de su maestro, el gurú Maharashi, precursor de la meditación trascendental.

Nunca en la historia hubo tanta facilidad para invertir los ahorros en cuestión de segundos. Ahora hasta existen apps que permiten comprar criptomonedas en un abrir y cerrar de ojos, o ingresar a Wall Street como si se tratara de un nuevo video juego. 

Dijeron los medios que era “algo nunca visto”. En tiempos donde todo justamente, ya se ha visto, el titular sonaba prometedor. El asunto es que Perseverance, el robot en Marte que, en este preciso momento, toma muestras del planeta rojo para analizar vida microbiana y mandar selfies de danto en tanto, encontró allí lejos algo extraño. No simplemente extraño. Algo asombrosamente extraño. Era, como ya dijimos “algo nunca visto”.