situs slot gacor online terbaik sampai akhir tahun ini harus tetap di mainkan kalau mau dapat cuan

Crónicas + Desinformadas

Si es padre sabe qué significan los memes italianos. No sólo sabe lo que significa, sino que además los padece a diario.

No sé usted, pero no quiero ver. No me interesa saber nada. No quiero ser testigo ocultar de cómo las cámaras registran el crimen de la semana. O cómo capturan al hombre que mató a su familia, o envenenó a su novia, o convivió con cadáveres en su casa como si fuera una mascota muda.

Podrá este mundo evolucionar –al menos tecnológicamente-, podrá la humanidad prolongar su vida –y así tener más tiempo de desperdiciarla viendo videítos en la red-, podrá ser testigo del nacimiento de nuevas modas y la muerte de viejas modas. Aún así, nunca perderá algo cifrado en su ADN: su pasión por ver músculos. 

Cada vez que visito la ciudad, descubro –o recuerdo- las caras de ciudad. Pues la ciudad tiene caras que uno no verá en ninguna otra parte. 

¿Por qué en el fútbol un equipo juega magistralmente y luego ese mismo equipo ante un rival similar poco tiempo después juega como la mona? ¿Por qué jugadores que, bajo la misma dirección técnica, descosen la pelota luego, en condiciones y bajo una dirección idéntica, se congelan?

A veces, uno se pregunta por qué tiene tan pocas ganas de ver gente. O de ver programas donde la gente habla a sus anchas. O de asistir a lugares públicos. O tomarse medios de transporte colmados. 

Cada dos por tres nos enteramos que la ANMAT, el organismo que vela por la sanidad de remedios y alimentos en nuestro país, quita un remedio o un producto estético del mercado porque dice, como mínimo, que no funciona. Y como máximo que nos joroban la salud de modos impensados.

Entiendo que con el auge imparable de la Inteligencia Artificial, nos olvidamos de otra inteligencia también que, en su momento fue próspera, esperanzadora y que hizo de este mundo lo que es, para bien o para mal: la IH. O, digámoslo en criollo, la Inteligencia Humana. 

Que el actor Pierce Brosnan tiene más de 70 pero parece de 50. Que otro actor, William Defoe tiene algo más de 70 y parece bastante menos. Que un músico reconocido tiene no sé cuántos y parece tantos menos. Y la lista continúa. 

A decir verdad, no importa lo evolucionado que esté el mundo. No importa el chat gpt. No importa la medicina cuántica. Si colonizamos Marte y vaya a saber cuántas pelotas más orbitando en el cielo. No importa si logramos implantarnos y sobrevivir en robots. Nada de eso importa en la escala evolutiva pues el ser humano siempre pero siempre –lo ha hecho, lo hace, y seguirá- aplicando ese acto tan vil pero tan natural de la coima.