Crónicas + Desinformadas

Se llama el General y el hombre inventó el reggaetón, el ritmo más contagioso, febril y meneante del planeta. Concibió un puñado de hits en los ’90 que lo inmortalizaron y asociaron su nombre y sus letras a esa parte del cuerpo femenino que va de la cintura hacia abajo. “Te ves bien buena”, “Tu pum pum” y “Muévelo”, fueron su trinidad de caderas. Y ahora, en plena hora de reivindicación feminista, el General renunció a su cargo y a su podio –se hizo millonario y le llovieron seis Billboards y 32 discos de oro- para abrazar a Dios y que Dios lo abrace a él. “El reggaetón es música de Satanás”, dijo, ahora convertido en Testigo de Jehova para alarma de sus fans y sus fansas que lo entronaron rey del boliche, la noche y la mar en coche.

No hay frase tan típicamente argentina como “poner huevo”. Se lo pide, no importa en qué rubro. Se lo reclama a los cuatro vientos. No interesa tanto la calidad del destinatario en cuestión, no interesa si es el presidente, el tenista local en pleno duelo de Copa Davis, o el número nueve de la selección, lo que se le pide acá es que transpire la camiseta, y que, como también nos gusta decir, que deje el alma en la cancha.  

Después de Maradona, nadie ha dado tanta frase polémica en la Argenta como el metalero Ricardo Iorio. Si tuviera cuenta de Twitter sería un éxito.

A pesar de la derrota de Juan Martín Del Potro en la final del US Open, hay algo a tener claro. Una lección a aprender. Y es la siguiente: no hay obstáculo que sea definitivo, cuando uno persevera. Del Potro se sobrepuso a lesiones, operaciones, viento en contra piscológico, y siempre sorprendió. Siempre se las arregló para volver de las cenizas, cuando medio país ya lo daba por muerto.

En la ruleta imprevisible de videos virales del año, se multiplicó milagrosamente una entrevista de 1987 a Roberto Gómez Bolaños, el creador del Chavo del 8 y se contagió como bacilo de la gripe. Allí se lo ve a Chespirito ponderando al Chapulín Colorado por sobre los otro supehéroes. Valorando su entrega a pesar del miedo, y a pesar de no tener poderes. Mientras que el resto de los superhéroes de capa y tecnología de punta made in Marvel, las tienen todas a su favor. “el Chapulín Colorado se muere de miedo, es torpe, débil, tonto... y consciente de esas deficiencias, se enfrenta al problema. ¡Eso es un héroe!”, le dijo en una entrevista de 1987 a Jorge Guinzburg en “La noticia rebelde”.

Las noticias de las últimas semanas se cargan de entusiasmo con lo bien, fértil y, por lo visto con mucha vida por delante, que se lo ve a Charly García. Tiene nuevos shows en puerta, no se sabe bien dónde. Sus últimas presentaciones, según dicen, fueron impecables, redondas, atinadas. Este Charly que volvió de la muerte, es puntual, agradecido, detallista. Lanzó nuevo disco. Le dieron premios. Le palmearon la espalda. Sin embargo, sus temas no suenan en las radios. La gente no habla de él. Y, en líneas generales, corre la suerte de los ídolos que no han sabido morir a tiempo.

Sin necesidad de ponerse conspiracionista ni paranoico, es llamativo cómo la plataforma Netflix elige la temática de muchas de sus nuevas producciones. Mientras por un lado, aborda la retorcida mente de condenados a muerte en Estados Unidos –las confesiones a cara lavada de “Soy un asesino”-, persiste en tirar de la cuerda narrativa de nuevos y viejos capos narcos, y se regodea en ver cómo bestias de la naturaleza se devoran unas a otras –“72 animales peligrosos”-, por otro lado, le da con todo a todo aquello que tenga aura de camino espiritual o religión.

Lo llaman personal vigorizado. Es un grupo de empleados normales a los que, por obra y gracia del dueño, se le asigna un día libre a la semana. Es decir, otro que no sea el sábado y domingo, lógico. Ese día a la semana libre es fijo y corre para todo el año. Los empleados pueden hacer ese día lo que se les cante: visitar amigos, estar en familia, clavarse maratón de Netflix. No importa. Es suyo y no deben rendir cuentas a nadie.

Qué cura Bochero, ni cura Bochero. Palito Ortega, querido. Ese sí que es un santo. Lo que sucede es que, como todo ser aún vivo, no se lo aprecia lo suficiente.

Mama mía: a Dios gracias que el legendario actor Rocco Siffredi nació en Italia y no en la Argentina porque, de ser así, sumaríamos escándalo tras escándalo, guerra tras guerra. Rocco sería el hombre menos indicado en el lugar menos favorable.