Crónicas + Desinformadas

Siempre quise más a los Beatles que a los Rolling. No me pregunten por qué. Tal vez porque eran más experimentales, más románticos menos ásperos.  Sin embargo, Charlie Watts siempre fue mi Rolling favorito. Debió, a mi entender, no ser un Rolling. Debió ser, si nos ponemos puntillosos, otro Beatle. Nunca una curda. Nunca un episodio con la policía. Nunca un sueltito Diario Crónica. Además, Charlie era, en verdad, amante del jazz. Basta escuchar su disco solista para entender qué tenía en la cabeza: más Miles Davis que Satisfaction.

De todas las lecciones humanas que se conjeturan ahora sobre la pandemia, creemos que la más evidente, después de tanto costo económico, laboral y humano es: nunca pero nunca muerdas un murciélago.

Teniendo hija pequeña es natural que mi casa sea un despelote. Sin embargo, el despelote del cajón no es culpa de mi hija: es todo culpa mía.

La gente no llora por aludes en el otro rincón del planeta. Por matanzas de pueblos enteros. Por guerras étnicas, raciales, dementes, irrisorias. No lo emociona el hambre, los desplazamientos de poblaciones enteras producto de la guerra, las ciudades en ruinas, ni la devastación de la naturaleza. Ahora bien, a Lio Messi se le pianta un lagrimón en su conferencia de prensa de despedida del Barcelona, al que ataja convenientemente con pañuelito descartable, y al planeta entero se le da por llorar.

Estamos cansados de otra campaña política. Es una fiaca. Ya sabemos de antemano cómo saldrán las cosas: no importa quién gane. Uno entrará al cuarto oscuro sintiéndose, en un lapso breve, poderoso, decisivo, democrático, y luego todo volverá a la normalidad: o sea, al desastre nuestro de cada día. Verá nombres en los papeles, algunos reconocerá y otros no. Esos nombres habrán luchado de a codazos por ganar ese lugar en el papel. Algunos habrán, además de dar codazos, irrumpido con algún que otro pisotón. No importa. Es lo de menos. Son las reglas del juego. Y de ese juego, señoras y señores, estamos podridos. No más papeleta. Nomás urnita de cartón. Say no more.

Mientras conversaba con el repartidor de agua –que, por otra parte, acabo de enterarme es maestro de artes marciales-, con el sol a sus espaldas, mientras lo veía explicar con entusiasmo y el barbijo liberando nariz y algo de la boca, los pormenores de una gira que darían él y su equipo de peleadores a Brasil, entonces la ví. Pequeña, brillante, y por qué no feliz. Desde la vereda, y a un metro del repartidor, la observé ascender, al fin liberada, al fin ella y solo ella, en un arco desplegado al cielo invernal pero soleado de mi pueblo. Buscó, se estiró en la medida de sus posibilidades, ensanchándose en el aire como una mariposa.

Es la pregunta del millón. Con los hijos sin clases y la pandemia mediante, es complejo pensar creativamente el asunto de las vacaciones de invierno y poner sobre la mesa opciones atractivas. 

La gente hace cualquier clase de idiotez con tal de evitar estar aburrido. Pues el aburrimiento lo acorrala con el sinsentido de su vida. Cuando no hay otra cosa mejor para hacer, uno deberá, al fin, mirarse dentro, y eso es fatal. Prefería ver cualquier insensatez en la tele, hasta partido de la D, la liga de fútbol de Indonesia, o escuchar cómo a la vecina del cuarto le hicieron una salidera bancaria, con tal de evitar el tedio. Pero el tedio, como todo maestro sabe, es la puerta de la espiritualidad.

El magnate Elon Musk acaba de cumplir 50 pirulos y dice que sueña con irse a vivir con su esposa a Marte. Imaginamos que estará ya aburrido de la tierra, lo cual es entendible. ¿Qué más le queda por explorar en esta pelotita tan pequeña, para él, a la que llamamos hogar? 

Días atrás se publicó con bombos y platillos “La guía del mal”, estilo Filcar, pero con las peripecias de los seres más maléficos que pasaron por la ciudad de Buenos Aires. Allí están todos: desde Robledo Puch a las hermanas satánicas y la encantadora Yiya Murano. Y se cuenta con lujo de detalles, direcciones, plazas, los puntos de referencias obligados para que uno reconstruya, en una caminata de domingo, las desventuras a cuchillazos de esta gente con tan poca onda con la humanidad en general.