Crónicas + Desinformadas

Si aún viviera Víctor Sueiro le hubiera encantado OA. Le hubiera encantado porque él, en especial él, la entendería. Dijeron que era la serie más extraña de Netflix. Y, la verdad, tienen razón. OA es extraña.

En una misma semana, para incomodidad de los periodistas literarios, se murieron dos grandes escritores: Alberto Laiseca y Andrés Rivera. Pero claro, a la elite literaria siempre le cayó mejor Laiseca, pues, así lo parecía, empujaba las barreras de la escritura, escribió una novela descomunal y desmesuradamente extensa –Los Soria- que se hizo de culto, y escucharlo era magnético –tanto que la señal Isat le puso un ciclo de narraciones de relatos de horror que fue un éxito-. Además, Laiseca hablaba sin filtros, ya era leyenda viva –hasta tuvo papeles, en homenaje, en el cine-, y, muerto Fogwill, era el estandarte que quedaba para demostrar que la literatura, es también mugre, pucho e impostura. Cómo no quererlo a Laiseca.

Más de una vez la escena en la ciudad, me impactó. Pero allá estaba, indiscutible: dueños de mascotas que paseaban sus perros por la calle, a bordo de un carrito de bebé. Espero, desde el fondo de mi corazón, que esos carritos hayan sido de descarte de hijos que ya no los necesitan, y no comprados especialmente para la ocasión. Pero, como verá, soy medio iluso.

Qué arbitrarias, las modas. Antes era cool ser pelado. Ahora es cool ser peludo. Pero no peludo en cualquier parte, ojo al piojo. La onda es embarbarte la vida.

Lo anunciaron con bombos y platillos: el gremio del juego de azar está en paro y proponen una marcha para evitar que les caiga un nueva carga impositiva que según ellos, puede poner el negocio en riesgo –entre ellas 40 mil pesos por año por cada tragamonedas-. Oh dirá usted, un paro del gremio de los bingos, casinos y lotería, no es una gran amenaza para el día siempre temblequeante y frágil del ciudadano. Sin embargo, el Estado recoge el 60% de los ingresos así que el paro hunde el dedo en donde siempre debería hundir todo paro: allí en el mismísimo lugar donde se toman decisiones.

El ser humano es un bicho social y como tal, necesita alguien a quien imitar. Se da en todo. Pero en especial, se da en el deporte. Mi hermano Felipe, el mayor de los tres, es profe de tenis desde hace más de 20 años. Y es el mejor que he visto en mi vida: entusiasta, pop, carismático, enérgico. Los alumnos lo aman –y las alumnas lo aman más-. Y siempre lo dice: “Cuando no hay un argentino ganando torneos, las clases me caen en picada”.

(Cicco desde Marruecos - Fotos crédito: Javier Salaberria Urbe) Adentro de este salón de conferencias, 200 personas de todo el mundo se reúnen para debatir y escuchar poesía espiritual de Oriente. Estudian, desmenuzan y recitan poesía mística de maestros como Rumi, Yunus Emre, los grandes entre los grandes.

No queremos saber si Johny Depp es borrachín y de tanto en tanto, revolea alguna pieza de la cristalería de la cocina. No queremos enterarnos si Brad es o no es fumón. Es su vida y su matrimonio, o lo que era su matrimonio.

Vivimos una vida juntos. Te recuerdo, de chico, color crema y con una ruedita en el pecho. Pensaba que siempre serías así: gordo, ruidoso, divertido. Aún estás ahí, congelado en el tiempo, en manos de mamá cuando charlaba con la tía Rosy. O con papá puteando cuando llamaban clientes a la hora de la cena. Qué tiempos aquellos. Eras nuestra única conexion con el mundo exterior.

El tipo inventó el rock and roll, no es moco de pavo. Lo extrajo, cual cirujano, de sus raíces bluseras y le dio un acelere, al día de hoy, imposible de parar. A Chuck Berry le debemos nada más y nada menos que eso.