Crónicas + Desinformadas

Lo llaman personal vigorizado. Es un grupo de empleados normales a los que, por obra y gracia del dueño, se le asigna un día libre a la semana. Es decir, otro que no sea el sábado y domingo, lógico. Ese día a la semana libre es fijo y corre para todo el año. Los empleados pueden hacer ese día lo que se les cante: visitar amigos, estar en familia, clavarse maratón de Netflix. No importa. Es suyo y no deben rendir cuentas a nadie.

Qué cura Bochero, ni cura Bochero. Palito Ortega, querido. Ese sí que es un santo. Lo que sucede es que, como todo ser aún vivo, no se lo aprecia lo suficiente.

Mama mía: a Dios gracias que el legendario actor Rocco Siffredi nació en Italia y no en la Argentina porque, de ser así, sumaríamos escándalo tras escándalo, guerra tras guerra. Rocco sería el hombre menos indicado en el lugar menos favorable.

A juzgar por lo que dicen los medios y lo que dicen los miembros de ellos mismos, nunca vas a encontrar a nadie tan amable en este mundo como un swinger. Ellos son todo caballerosidad, pase usted. No, por favor, faltaba más. Se ha hablado tanto de los códigos swingers que, si aplicáramos la Constitución con esa misma coherencia y determinación, hoy este país sería Suecia, y con veranito.

Con motivo de la Rural de Palermo, déjenme contarles una de las teorías conspiracionistas más deliciosas y por qué no vacunas de los últimos tiempos. Tal vez, sea cierta. Tal vez, no. Quién puede decirlo. Los conspiracionistas son gente que aportan muchos indicios pero no anda con muchas pruebas. De lo contrario, si algo de todo lo que dicen se demostrara este mundo sería muy distinto. Estaría por así decirlo, patas para arriba. Como dicen los conspiracionistas, debe estar.

Ya lo decía Platón: vivimos en una cueva y lo que vemos como realidad son sombras proyectadas del mundo exterior. Estamos, como los chicos en Tailandia, atrapados en nuestra propia trampa, y quedándonos cada vez con menos oxígeno. Pero nuestro escenario es aún peor pues nos pensamos afuera. A salvo. A la intemperie. Cuando en verdad, nuestra vida es pozo puro: podemos darnos cuenta fácilmente cuando tratamos de escapar de él. No podemos. Nadie puede. Trate de modificar aunque sea una mínima rutina y verá cómo esta supone una demanda titánica de energía y fuerza de voluntad, como escalar paredes verticales del pozo nuestro de cada día. Propóngase leer Las mil y una noches, emprender una rutina de yoga o meditación en casa, y tarde o temprano, lo devorará ese devorador de tiempo llamado Netflix.

Lo llaman navaja de Ockham. Y es parte del pensamiento lógico. El planteo dice así: normalmente, la razón detrás de un acontecimiento es la más evidente de todas. Pero de tan evidente, nadie le presta atención.

La última semana fue mi cumpleaños y, como no sucedía hace cuatro años, decidí festejarlo. Los que llamaron y vivían cerca –recuerden que resido en Lobos a 100 km de capital-, los invité a comer asado. Y tras semejante decisión festiva, me vino la desazón: ¿pero de qué van a hablar los invitados sin que esto altere la paz y armonía del cumpleaños? ¿Qué temas pueden tratarse sin que no aparezca, acechante, la grieta y todo se vaya por la canaleta? Los pocos amigos que confirmaron presencia, estaban en las antípodas religiosas, en las antípodas ideológicas e, imagino, si indago un poco, en las antípodas futboleras. Lo cual, dejaba muy poco rubro por tocar sin temor a perder los estribos.

Hay que sacarse el sombrero con Vicentico, el músico Vicentico. Tiene los códigos de la gente de antes. La conducta de nuestros abuelos y de las celebridades de antes. Se expone lo justo y necesario. Se aparta de los escándalos y lleva un vida lo más normal posible, aún siendo famoso y aún teniendo esposa famosa y actriz.

Se dejó crecer la barba y más que David Letterman, el presentador que durante 30 años condujo su propio programa nocturno, su late night show y revolucionó la televisión mundial, parece ahora más Papá Noel que otra cosa. Sin embargo, y a pesar de colgar el micrófono de su programa, y cuando todo el planeta lo daba por jubilado y retirado de los medios, emprendió una serie de entrevistas maduras, filosas y reflexivas para Netflix llamada “No necesitan presentación”. Sobre un escenario y ante un teatro atiborrado de público, Letterman traza un arco de entrevistas de una hora que van desde Jerry Seinfeld a Barak Obama, desde la Nobel de la Paz Malala a Tina Fey.