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Sin necesidad de ponerse conspiracionista ni paranoico, es llamativo cómo la plataforma Netflix elige la temática de muchas de sus nuevas producciones. Mientras por un lado, aborda la retorcida mente de condenados a muerte en Estados Unidos –las confesiones a cara lavada de “Soy un asesino”-, persiste en tirar de la cuerda narrativa de nuevos y viejos capos narcos, y se regodea en ver cómo bestias de la naturaleza se devoran unas a otras –“72 animales peligrosos”-, por otro lado, le da con todo a todo aquello que tenga aura de camino espiritual o religión.

Lo llaman personal vigorizado. Es un grupo de empleados normales a los que, por obra y gracia del dueño, se le asigna un día libre a la semana. Es decir, otro que no sea el sábado y domingo, lógico. Ese día a la semana libre es fijo y corre para todo el año. Los empleados pueden hacer ese día lo que se les cante: visitar amigos, estar en familia, clavarse maratón de Netflix. No importa. Es suyo y no deben rendir cuentas a nadie.

Qué cura Bochero, ni cura Bochero. Palito Ortega, querido. Ese sí que es un santo. Lo que sucede es que, como todo ser aún vivo, no se lo aprecia lo suficiente.

Mama mía: a Dios gracias que el legendario actor Rocco Siffredi nació en Italia y no en la Argentina porque, de ser así, sumaríamos escándalo tras escándalo, guerra tras guerra. Rocco sería el hombre menos indicado en el lugar menos favorable.

A juzgar por lo que dicen los medios y lo que dicen los miembros de ellos mismos, nunca vas a encontrar a nadie tan amable en este mundo como un swinger. Ellos son todo caballerosidad, pase usted. No, por favor, faltaba más. Se ha hablado tanto de los códigos swingers que, si aplicáramos la Constitución con esa misma coherencia y determinación, hoy este país sería Suecia, y con veranito.

Con motivo de la Rural de Palermo, déjenme contarles una de las teorías conspiracionistas más deliciosas y por qué no vacunas de los últimos tiempos. Tal vez, sea cierta. Tal vez, no. Quién puede decirlo. Los conspiracionistas son gente que aportan muchos indicios pero no anda con muchas pruebas. De lo contrario, si algo de todo lo que dicen se demostrara este mundo sería muy distinto. Estaría por así decirlo, patas para arriba. Como dicen los conspiracionistas, debe estar.

Ya lo decía Platón: vivimos en una cueva y lo que vemos como realidad son sombras proyectadas del mundo exterior. Estamos, como los chicos en Tailandia, atrapados en nuestra propia trampa, y quedándonos cada vez con menos oxígeno. Pero nuestro escenario es aún peor pues nos pensamos afuera. A salvo. A la intemperie. Cuando en verdad, nuestra vida es pozo puro: podemos darnos cuenta fácilmente cuando tratamos de escapar de él. No podemos. Nadie puede. Trate de modificar aunque sea una mínima rutina y verá cómo esta supone una demanda titánica de energía y fuerza de voluntad, como escalar paredes verticales del pozo nuestro de cada día. Propóngase leer Las mil y una noches, emprender una rutina de yoga o meditación en casa, y tarde o temprano, lo devorará ese devorador de tiempo llamado Netflix.

Lo llaman navaja de Ockham. Y es parte del pensamiento lógico. El planteo dice así: normalmente, la razón detrás de un acontecimiento es la más evidente de todas. Pero de tan evidente, nadie le presta atención.

La última semana fue mi cumpleaños y, como no sucedía hace cuatro años, decidí festejarlo. Los que llamaron y vivían cerca –recuerden que resido en Lobos a 100 km de capital-, los invité a comer asado. Y tras semejante decisión festiva, me vino la desazón: ¿pero de qué van a hablar los invitados sin que esto altere la paz y armonía del cumpleaños? ¿Qué temas pueden tratarse sin que no aparezca, acechante, la grieta y todo se vaya por la canaleta? Los pocos amigos que confirmaron presencia, estaban en las antípodas religiosas, en las antípodas ideológicas e, imagino, si indago un poco, en las antípodas futboleras. Lo cual, dejaba muy poco rubro por tocar sin temor a perder los estribos.

Hay que sacarse el sombrero con Vicentico, el músico Vicentico. Tiene los códigos de la gente de antes. La conducta de nuestros abuelos y de las celebridades de antes. Se expone lo justo y necesario. Se aparta de los escándalos y lleva un vida lo más normal posible, aún siendo famoso y aún teniendo esposa famosa y actriz.

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