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Toda una vida, una infancia veraneando en Mar del Plata, pensando que todo lo que tenía el mar para darnos era un puñado de caparazones rotos, de medusas pisadas y llenas de arena y algún que otro berberecho, y resulta que ahora, gracias al streaming super pop lanzado por el Conicet, nos venimos a enterar que hay un bicherío ahí abajo que ni siquiera los pescadores más optimistas podían llegar a imaginar.

Pero así son las cosas, en tiempos de streaming, descubrimos que la maravilla estaba ahí bajo nuestros pies, como suele ocurrir en las películas, a 3900 metros de profundidad.

Un mundo submarino fascinante, colorido, salvaje, aleteante, guerrero, succionador, que sólo veíamos en algún documentales de las islas Galápagos o reservas marinas exóticas y muy remotas de las que cada vez hay menos.

Y cuando ya nada queda por explorar al ras de la tierra, la humanidad descubre que sólo quedan dos alternativas potables: o explorar hacia arriba en el espacio, esa página en blanco que espera aún nuestro manchón de tinta, o hacia abajo, en lo profundo de la tierra, hundiendo tubos con cámaras subacuáticas o directamente perforando el hielo antártico para ver qué onda.

El ser humano, dentro de todo el bicherío que anda por ahí, es de los que menos acepta en darse por vencido. Y es, dominado por esa sed insatisfecha e inextinguible de más, que cada tanto encuentra la maravilla enterrada. Un reino inimaginable ahí listo para ser descubierto por los documentalistas y luego garpado por Netflix para vaya a saber qué nueva serie.

Tal vez la respuesta a nuestros males, la receta para combatir la inflación, la suba del dólar, y la seguidilla derrotista de Boquita, no esté en el desfile de expertos de turno que nunca la embocan, sino enterrada o, por así decir colgada del espacio, en alguna parte. Y sólo haya que calibrar la lente, preparar nuestras cámaras, y bum, capar un primer plano rutilante, inesperado, de la respuesta que estábamos esperando durmiendo el sueño eterno bajo nuestros pies en las costas de marpla entre caracolito roto y medusas muertas de aburrimiento.

Link a video CONICET

https://www.youtube.com/watch?v=FJNJJ8L8Vwo