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Todo ser y producto tiene una época. Y, al parecer, en el reino avícola esta es la época del colibrí. No hay nada que discutir. Es colorido, rutilante, lustroso, pequeño como caniche de pájaro y por si fuera poco, es rápido. Como si fuera mensaje de wapp acelerado. Viene y se va. 

Esta época no nos da tiempo para ver el vuelo lento, sincro y en v –siempre V corta, nunca B larga- de las gaviotas, o las bandadas de patos que saben más de ortografía que muchos niñitos de escuelas privadas. Ni siquiera tenemos los minutos suficientes para detenernos en ver regresar a las golondrinas y decir algo inspirado al respecto.

Nada de eso. 

El colibrí entra y sale cual dron de escena. Es el vínculo ideal que necesitamos con la madre naturaleza: brillante, multicolor y sobre todo, breve. Esto nos permite seguir con nuestro tierno y pegajoso amorío con la tecnología, la IA y la telefonía inteligente. A ellos sí le dedicamos todo el tiempo del mundo. Ellos son nuestra nueva madre naturaleza. Nos acobija. Nos entiende. Nos da entretenimiento y nos ubica cuando estamos perdidos. Nos manda pizza a casa, libros a casa y desayunos a casa. ¿Qué más podemos pedirle a la naturaleza tech?

Pero volviendo a los pajaritos: podemos registrar vuelo de coilbrí en videíto de tik tok, en reel de Instagram, y nadie dirá que es demasiado largo. Nadie se aburrirá. Y nadie dejará comentarios venenosos al respecto. ¿Quién se atreve a criticarle algo el colibrí, criaturita de Dios?

Un año atrás, decidí llenar mi jardín con salvias guaraníticas que, por si no sabe del tema, atraen colibríes. Les encantan: vienen familias enteras, comunidades, barrios completos a tomar en pajita de las florcitas violetas y celestes como vasijas diminutas de mi jardín. Yo los veo entrar y salir desde mi ventana, mientras trabajo y escribo cosas geniales como la columna que lee aquí, y pienso que la vida es bella.

Que viva la naturaleza. Y si viene a todo color y dura menos que un estornudo, mejor aún. Que nos deje tiempo para pavimentar el camino gris, cementado y tecnológico del mundo que viene donde los colibríes y los drones formarán familia y los inocentes pajaritos vendrán a filmarnos, vendrán a monitorearnos y, si nos portamos mal, vendrán a nuestro jardín, coloridos, lustros y fugaces a explotar en nuestras narices. 

Imagen creada con IA Mistral