
No sé si será por motivo del auge de la ropa para mascotas cada vez más espantosa o de que ya tengan su propia obra social. Que tengan cuchara último modelo. O qué será. Pero el asunto que alarma es que cada vez más se ven en la calle mascotas que en líneas generales no están muy satisfechas con su dueño, que digamos.
Esto se puede ver con facilidad: caras largas, sentimiento de disgusto. Por esta expresión de la mascota que ya casi ni ladra y simplemente va en la calle arrastrando la cola como si fuera la cola de una novia en desgracia.
Es señal clara de que todo eso que le ponen, la vida que lleva y sobre todo el dueño, no les cae en su simpatía. Pero claro: aún no se inventő el chip capaz de traducir sus pesares más íntimos.
Entonces: ¿Qué podemos hacer por ellos? ¿Cómo podemos elevar su autoestima, devolverle sus ganas de vivir, la felicidad, el movimiento de rabo alocado que al menos recojan el palo que les arrojamos o disfruten el hueso? ¿Qué puede hacer el ser humano, y sobre todo sus dueños, para devolverle la dicha canina a sus pichichos?
La respuesta es muy sencilla, está más al alcance de la mano de lo que uno imagina. Lo que debemos hacer es devolverle al pichicho su condición natural de pichicho, esto es, no ponerle ropita ni arriba ni abajo, pues ya tiene su propia ropita incorporada. No ponerse en gastos de cuchas pues no es su estilo inmobiliario. No darle todos los gustos ni obra social ni caricias por doquier, porque esto solamente aumenta su instinto caprichoso, y, como cualquier niño malcriado, lo único que lo hace es pedir y pedir más, y que nada, ningún bocadito, ninguna rascada de ombligo, ningún paseo por la mejor de las plazas lo convenza de que la vida aún con cuatro patas es bella.
Imagen creada con IA Gemini


