
Basta de Colapinto, muchachos. Entiendo que es más vertiginoso ver una pista con autos a toda velocidad que un tablero moroso con piezas de madera. Pero así son las cosas: el verdadero ídolo argentino que todos esperamos se llama Faustino Oro, tiene 14 años y los que saben lo bautizaron el “Messi del ajedrez”. Y en abril del 2023, se convirtió en el Gran Maestro más joven de la historia. Es decir, a los 9 años.
Lo apoya a muerte la Federación Argentina de Ajedrez –los altos popes del tablero hablan maravillas de su futuro- y hasta Mercado Libre se sumó al sponsoreo de su carrera.
Por si fuera poco en marzo del 2024, dejó con la boca abierta –es decir, por si no se entiende la metáfora, les ganó- a Magnus Carlsen y Hikaru Nakamura. En otras palabras, el número uno y el número tres del mundo.
Fue el jugador más joven en disputar el Campeonato Argentino Absoluto –y obtuvo el cuarto puesto-. El año pasado le dieron el Olimpia de Plata, y fue así el deportista más joven en levantar la estatuilla. Rompió más récords mundiales en un torneo en Madrid. Y superó otros tantos records globales rompiendo todos los registros del sistema de puntuación Elo Fide que podría explicarle aquí detalladamente pero, para ello, debería primero entenderlo.
En fin, Faustino es un groso –aprendió a jugar en pandemia y mire lo que ha llegado-. Pero claro, nadie lo sigue en los partidos porque a nadie le interesa. En lugar de la pinta canchera de Colapinto, lleva anteojos y es perfil bajo como todo ajedrecista. En lugar de volantear, mueve alfiles y reinas.
Ahora bien, Oro no le puede echar la culpa al auto, ni a la pista ni a las inclemencias del tiempo. En el ajedrez se pierde y se gana por mérito o fracaso propio, y no hay tu tía.
Faustino es merecido campeón y, más allá de su corta edad, necesitamos subirlo al panteón de los ídolos locales indiscutidos. Donde no se necesita siempre ser veloces ni tener estampa winner para escalar a la cima, la mayoría de las veces lo más importante para ser ídolo, como en tantas otras áreas de la vida, es saber usar la cabeza.


