
Se lo vio por última vez en el impenetrable chaqueño. Resplandeciente, un fuego líquido moviéndose por la vegetación. Lo último que se supo de él fue registrado el 25 de octubre pasado. Así lo indicaba el collar que portaba y emitía señales a las autoridades para que lo sigan y sepan de su paradero. Pero el 25 de octubre, chau: no más rastros. Ni señales, ni fuego líquido. La justicia investiga qué fue de él. Si se lo han llevado, quién se lo llevó y cómo. Si ha muerto, quieren dar con su cuerpo. Patrullan la zona. Husmean celulares de gente sospechosa. Y mientras tanto, el Ministerio de Justicia emitió una recompensa de 250 millones a quien pueda ofrecer informaciones sobre su localización o destino. Pero desde entonces, nada ha sucedido.
Acaí no aparece. Acaí, el yaguareté. Sólo hay menos de 20 en toda la región y ya se lo da casi por extinto. Por eso la historia de Acaí, criado en el Parque Nacional Iberá y en una libertad controlada por científicos, se volvió tan simbólica.
Con el fin de devolver la población de yaguaretés a la zona, un grupo de científicos se dedicó durante años a criar a Acaí y lo dejaron luego en el impenetrable a inicios de octubre, como quien entrega una ofrenda. Más precisamente el 5 de octubre. Y luego, 20 días más tarde, zás: no más yaguareté.
El collar que portaba y permitía monitorearlo a los investigadores dejó de emitir señales. Y Acaí, desde entonces, brilla por su ausencia. Cada día que pasa los científicos creen que hay menos posibilidades de que siga con vida.
La pregunta es: toda una infancia viviendo en un entorno controlado, ¿será que no sobrevivió a su entorno natural, es decir a la ley de la selva? ¿Será en todo caso que no sobrevivió al apetito de lucro de cazadores furtivos? Sea lo que fuere, Acaí sigue sin aparecer. Los yaguaretés como tantos animales bellos, honorables y temerarios, desaparecen de la faz de la tierra a un ritmo alarmante. Y mientras tanto, el ser humano permanece rodeado de cucarachas, ratas y bicherío, que no se hace más que multiplicarse y multiplicarse.


