Más de una vez la escena en la ciudad, me impactó. Pero allá estaba, indiscutible: dueños de mascotas que paseaban sus perros por la calle, a bordo de un carrito de bebé. Espero, desde el fondo de mi corazón, que esos carritos hayan sido de descarte de hijos que ya no los necesitan, y no comprados especialmente para la ocasión. Pero, como verá, soy medio iluso.

Los perros, silenciosamente, van juntando día a día más derechos y privilegios. Cada día ellos son más reyes. Y el ser humano, más esclavo. Cada día, merecen tratamiento de estrella –peluquería, golosinas de mascotas, un lugar en los restoranes, ahora, pet friendly-. Todos parecen, perritos de divas.

No tengo nada en contra de los perros, sólo digo una cosa: que vuelvan a ser tratados en su lugar perruno. Humanizar a los animales es dar el tiro por la culata: ellos se humanizan, nosotros, a la par, nos animalizamos. Ellos suben un peldaño tras otro en la escala social, pero nosotros caemos a pique.

Papá me comentó días atrás una frase de Face, decía: Los abuelos guardados en geriátricos, los hijos guardados en escuelas, y los perros, dueños de la casa, con su amo. Hablando de amo: habría que redefinir el término o buscar uno nuevo, porque ya la relación perro humano, no tiene nada de relación entre amo y mascota. Yo situaría el vínculo más en el parámetro: jefe, empleado. Jefe, claro, son ellos. Nosotros, somos los laburantes.

Habrá excepciones donde los perros son verdaderamente guardianes o pastores y cumplen funciones que son más propias de la especie. Pero si sigue la tendencia así, no creo que estemos muy lejos: pero Papá Noel deberá tomar nota de los cambios y crear una nueva lista para que las mascotas reciban sus regalos navideños. No sea cosa que el jefe se enoje.