Los grandes cuando caen, lo dice el dicho, hacen más ruido. Johnny Depp, una de las estrellas mejor pagas de Hollyood, viene más que como estrella, como cometa en picada. A su divorcio millonario ahora se le suma una demanda millonaria de sus abogados que administraron durante años sus finanzas y que advierten que Johnny está descocado. Tal descoque lo llevó a vender mansiones y hasta su yate queridísimo en el que albergó con cariño y mariscos a Brad Pitt y Angelina Jolie, cuando la pareja era todo amor –le costó 18 millones más 350 mil en mantenimiento-.

Johnny ganó en 13 años, 650 millones de dólares, pero ahora se tiene que apretar el cinturón. Sus ex asesores financieros mostraron al mundo una lista de sus gastos más salvajes para que la prensa pueda regodearse y sacarle a gusto el cuerito al pobre Johnny. Más de cinco millones de mantenimiento, le lleva conservar cual postal a sus tres islas en las Bahamas. Se gastó cinco millones de dólares en el funeral de su amigo, el legendario periodista Hunter Thompson, cuyas cenizas lanzó, a pedido, en un cohete. Por mes, desembolsa 30 mil dólares en vinos. Y pone tres millones para pagar sueldos a sus 40 empleados.

Además, al igual que Michael Jackson, Depp es un niño con espíritu coleccionista y no lo detiene nada en pos de agrandar su catálogo. Rockero de corazón, tiene 70 guitarras. Doscientos cuadros originales. Más memorabilia de Hollywood que atesora en, dicen, doce depósitos. Se compra diamantes y para adquirir y mantener sus 14 mansiones se gastó 75 millones.

Por suerte, su personaje de Jack Sparrow en Piratas del Caribe, le sigue salvando las papas del fuego. Y gracias al estreno de la quinta parte de la saga, la crisis no le llegó, aún al cuello. Pues, ya lo dice el refrán: Pirata mata galán.