Joaquín Sánchez Mariño es un periodista de 34 años, que luego de trabajar varios años en el periodismo escrito, ha comenzado a desarrollar coberturas audiovisuales según las reglas del mundo digital. Así logró sumarle a sus textos, videos para Instagram o hilos para Twitter, y a su vez un recorrido por las redes sociales que solo podía lograr con propuestas de esas características.

“No se trata de resignar el texto por el video y sí de hacerlos convivir”, afirmó sobre sus coberturas.

Al terminar el colegio Joaquín comenzó a estudiar la carrera de abogacía, que al tiempo abandonó para perseguir su sueño de ser escritor. En esa búsqueda se encontró con el periodismo. Y mientras estudiaba comunicación social comenzó a trabajar en la revista Gente, en donde se desempeñaba su hermano.

“Seguí amando la literatura, pero también empezó a enamorarme el periodismo. Hacer notas, estar en el lugar de los hechos, descubrir cosas. Me hacía sentir mucha adrenalina. Y comencé a entender al periodismo como un oficio creativo y como un subgénero de la literatura”, detalló sobre su llegada al mundo de los medios.

Disconforme con la forma de hacer periodismo en los medios digitales de la actualidad, hace algo más de un año otra vez decidió ir en busca de sus sueños. Y de manera independiente (y como free lance para Infobae) realizó varios viajes para reflejar algunos acontecimientos del convulsionado mundo de estos tiempos. A partir de su viaje a Venezuela (sobre el que escribió un libro) o de sus crónicas de las manifestaciones en las calles de Chile, surgieron coberturas escritas y audiovisuales que tuvieron mucha repercusión, y que lo llevaron como entrevistado a los medios masivos y electrónicos.

Este año él esperaba seguir su recorrido para relatar historias desde diferentes rincones del planeta. A partir de un proyecto que denominó Under Periodismo, voló hacia la otra punta del globo para contar la guerra de Siria. Pero la pandemia detuvo su aventura a medio camino (en Beirut)  y lo trajo de nuevo a Buenos Aires. Hoy desde la TV (es columnista de un programa de TV Pública), desde sus notas en medios y también desde Under Periodismo, sigue en plena acción y espera el momento para volver a viajar.

En una noche invernal de Buenos Aires en cuarentena, a través de Zoom, él desde su auto y el resto del auditorio desde sus casas, expuso su mirada sobre los escenarios periodísticos, y sobre la posibilidad de hacer crónicas adaptadas a estos tiempos: “Yo quiero hacer periodismo como el de antes, pero con herramientas digitales”, fue una de las varias afirmaciones al respecto.

¿Cuál es tu mirada sobre el  actual funcionamiento de los medios de comunicación digitales? ¿Cómo se relaciona esa realidad con tu decisión de lanzar una iniciativa periodística independiente que te permita viajar para relatar el mundo?

Lo que me llevó a crear Under Periodismo fue el diagnóstico al que llegué sobre el mercado periodístico. Antes la carrera estaba muy determinada por si te desempeñabas en la gráfica, en la radio o en la tele. Pero hoy gracias a la tecnología creo que existe la posibilidad de moldearla de una manera diferente.  Me fui encontrando con esas posibilidades, y Under Periodismo nació de esa búsqueda. Quería poder hacer notas de la forma que a mí me gusta y me apasiona. Es decir, hacer periodismo en el terreno, en el lugar de los hechos, con un anclaje muy fuerte en política internacional o social internacional, porque lo que hago no es meramente político.  Por ejemplo yo quería cubrir lo que pasaba en Venezuela pero  no era posible que un medio me mandara. Porque era caro y una inversión no tan interesante para un medio argentino. Y lo mismo me pasaba con muchos otros temas. Entonces armé un sistema que me permita hacerlo aunque no tenga ningún medio detrás. Iba a comenzar este año con una cobertura de la guerra en Siria, a la que quiero ir desde hace mucho tiempo.  La nueva plataforma planteaba una cobertura colaborativa y en la que había gente, interesada en la misma, que me podía apoyar de manera financiera. A partir de nuevas prácticas y procesos periodísticos.

Hoy muchos periodistas de medios digitales hacen sus notas en el escritorio y no salen a la calle. ¿Vos le escapabas a esa idea?

La gente  interpreta al periodismo digital como periodismo de internet.  Es una confusión o un equívoco que nos puede conducir a la ruina como periodistas. Para mí el periodismo digital es todo lo contrario. Yo trabajé en muchas redacciones bajo relación de dependencia, y los editores quieren que pases cada vez más tiempo en el escritorio frente a la computadora. Para que puedas hacer 3 o 4 notas por día.  Hacés una de un tema que buscas en Google, otra de otro y luego una sobre unos videos en las redes. En un turno podes hacer cuatro, cinco o seis artículos. Además si sumas experiencia y años de trabajo, el camino natural te lleva a volverte editor y eso significa estar aún más en el escritorio pero sin escribir. Porque solo pedís y editas las notas, que es algo medio antinatural y te aleja aún más del periodismo. Ese diagnóstico estaba muy alejado de lo que a mí me gusta. Y me llevó a pensar en cómo podía lograr hacer periodismo más parecido al de antes, pero con las herramientas de lo digital.  Para que yo pudiera ir al lugar de los hechos con mi teléfono; para filmar un vídeo, hacer crónicas a partir de stories, relatar en plano secuencia  o un hilo Twitter. Todo sin depender de un medio. En ese camino descubrí que muchas de esas coberturas que hacía eran tomadas por los medios tradicionales. Eso me permitió transformar lo que yo entendía del periodismo.

¿Cómo fue pasar de ser un periodista que escribía textos al que hoy también hace videos, hilos o materiales para las redes?

Fue natural pero me resistía un poco. Porque yo me formé con el ideal del escritor y además porque me inicié en la gráfica. Pero logré darme cuenta o asumir que la mejor manera de contar algunas historias no es a través de un texto. En el año 2018 entré a trabajar en un medio que se llama Redacción (redaccion.com.ar) que plantea muchas características innovadoras. Allí trabajaba en conjunto con Maxi De Rito, un chico más joven; yo tengo 34 y él tiene 24. Y él me empezó a ablandar, porque odia los textos muy largos.  En ese diálogo, él empezó a aprender algunas cosas mías, y yo varias de las suyas. De esa manera comprendí que algunas historias, si yo quería que alguien las leyera, no necesariamente tenían que ser presentadas en un texto. Y una especie de prueba piloto la hice en Venezuela: allí realicé algunas notas escritas pero el grueso de la cobertura fue audiovisual. En ese caso, los textos, incluso los largos, tenían más repercusión si los acompañaba de ese tipo de abordaje total. Entonces no se trataba de  resignar el texto en manos del vídeo, sino aprender a hacerlos convivir y soltar un montón de prejuicios. Además yo buscaba una forma efectiva para que se conozcan las historias.

¿Entonces los videos pueden servir como un señuelo para que el público llegue a los textos largos?

Así empezó y después comencé a ver el valor en las propias narrativas digitales y audiovisuales. Hoy me parece que tienen un valor propio y me divierte armar las stories en vídeo o hilos, porque tienen un impacto diferente. Son como deportes paralelos. Además ahora he vuelto un poco a la escritura más artesanal, porque el año pasado escribí demasiadas notas. Durante el año pasado fueron cerca de 100, 2 o 3 por semana. Y me saturé un poco. Entonces ahora estoy tratando de volver a procesos de trabajo que me interesan más. Under Periodismo planteaba alejarse en parte de esa velocidad de publicación para hacer las cosas con un compromiso diferente.

A nivel técnico, ¿qué herramientas y programas utilizas para realizar tus crónicas audiovisuales durante tus viajes?

Mi celular (lo muestra para la pantalla de Zoom). Es uno bastante simple y ya está para el retiro, pero es el que usé desde el viaje a Venezuela para acá.  Ahora tengo uno nuevo que es un Samsung S10 plus. Es mejor porque tiene 3 lentes y gran angular. Pero la cobertura en Venezuela la hice sólo con este teléfono y fue así por las circunstancias. Yo entré como turista, porque era muy difícil conseguir la visa de periodista. Entonces no quise llevar la cámara porque te controlan mucho. Era la primera vez que llevaba solo el teléfono.  Pero resultó positivo, porque la cámara a veces genera cierta distancia. Esa precariedad involuntaria resultó a favor. Igualmente para otros viajes sí trato de llevar la cámara porque sirve para tomar buenas fotos.  Pero es mucho más práctico grabar y editar solo con teléfono. Uso la app InShot, con la versión Pro por la que pago 3 dólares por mes. Si viajo con computadora uso el programa Premiere. Pero trabajar solo con celular es lo que te permite lograr mayor velocidad. Porque si son coberturas de agenda, la edición es menos importante que publicar rápido. Además tengo un trípode, luces, y dos micrófonos: uno tipo boom y otro corbatero. Todo para enchufar al teléfono y en miniatura.

¿Cuánto te lleva editar cada uno de esos videos?

Depende del tipo de vídeo.  Si es un montaje simple, me lleva menos.  Pero si tiene un poco de voz en off o algún efecto, o es más largo, me lleva más. Supongamos que un vídeo de cinco minutos me puede llevar dos horas promedio. Pero también depende de la complejidad.  Entre una y dos horas, tres en algunos casos.

Escuchá la entrevista completa de Sebastián Di Domenica a Joaquín Sánchez Mariño en el podcast HiperEntrevista:

 

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