La Política

Si la reforma judicial que impulsa Cristina Fernández se aprueba, también dará comienzo una curiosa forma de impartir justicia: armando causas con pruebas inexistentes por parte de fiscales y jueces ideologizados. Es decir: funcionarios judiciales capaces de pasar por encima de la ley con tal de complacer a sus amos políticos, que siempre los tendrán bajo amenaza de destitución.

La cuarentena era una palabra que, al principio, todos los argentinos pronunciábamos con orgullo porque representaba el sinónimo de la lucha contra el COVID-19. Empezó a ser sospechada cuando parte de la oposición argumentó que el Presidente y el gobierno se habían enamorado de la palabra y de la medida también. Hubo algunos infectólogos, cercanos al oficialismo, que la defendieron y la militaron, y hubo otros especialistas que advirtieron, también desde el principio, que se trataba de una herramienta sin repuestos, y que cuando se gastara no se podría usar más.

Juntos por el Cambio discute ahora los límites que le quiere poner a la prepotencia del gobierno. Es decir: los límites a la vicepresidenta Cristina Fernández, a Máximo Kirchner y al presidente, si es necesario, también. Si lo que anuncian en privado no es jueguito para la tribuna, es probable que los diputados Mario Negri y Cristian Ritondo y el senador Naidenoff se planten y no renueven el compromiso de seguir con las sesiones virtuales del Parlamento.

Durante todo el fin de semana no dejaron de preguntarnos: “¿Por qué Cristina Fernández, si es progre y de izquierda, banca a Sergio Berni, que es más de derecha que Patricia Bullrich, y encima machirulo, y una mezcla de Rambo con el Hombre del Rifle?”. La respuesta es sencilla: la vicepresidenta está pensando en las elecciones legislativas del año que viene.

El presidente le dijo ayer al Financial Times que no cree “en los planes económicos.” Hubiera sido bueno preguntarle: “¿Y en que cree?”. Al periodista del diario británico le respondió que cree en “metas que podamos establecer nosotros mismos para que la economía pueda funcionar para alcanzarlas”. ¿Pero qué significa eso exactamente? Ya bastante difícil es saber que piensa Alberto Fernández sobre cuestiones tan serias como Venezuela, el Memorándum de Entendimiento con Irán, el funcionamiento de la justicia y las políticas tributarias.

A punto de ingresar a una nueva etapa de la cuarentena, se supone que más flexible y soportable, el Presidente tiene que empezar a gobernar. En especial, para evitar un nuevo avance de Cristina Fernández, quien parece cada vez más disconforme con su gestión y el desempeño de varios ministros. La nueva embestida, otra vez, sería contra el jefe de gabinete, Santiago Cafiero. Ni bien se declaró la pandemia, dirigentes de La Cámpora lo habían comenzado a atacar.

Esto es en defensa propia. Y para terminar con la mentira.

(Columna publicada en diario La Nación) La estrategia de demolición de periodistas tiene una potencia inusitada y recursos abundantes. La desproporción de fuerzas es abrumadora. De un lado, una sola persona. Del otro, un "grupo de tareas" integrado por una enorme cantidad de individuos y organizaciones diversas. Desde la líder del partido oficialista y vicepresidenta de la Nación , en la primera línea de fuego, hasta lúmpenes que cobran de un Estado municipal por escrachar de manera virtual y física al periodista elegido como blanco de turno.

Esta es la crónica de una estrategia de demolición. Este texto, junto a una serie de demandas penales y civiles contra algunas personas algunos y medios, está siendo presentado ante organismos nacionales e internacionales de defensa de la libertad de expresión. Las demandas son contra quienes me vienen acusando falsamente, y acosando de manera virtual y también física.

Todos parecen tener un poco de razón. Pero no toda. Las autoridades sanitarias de la provincia, cuando dicen que si no se vuelve a fase uno, el sistema de salud se podría saturar. Las de la Ciudad y la Nación, cuando evalúan que ya no se puede volver tan atrás, porque la salud mental de los habitantes del AMBA no lo va a resistir. Y también el exministro Adoldo Rubistein, cuando afirma que la cuarentena no solo se deshilachó, sino que ya se rompió, y que no hay manera de juntar los pedacitos. Pero entonces ¿Qué pasó? ¿Qué se hizo mal? ¿No era que la cuarentena estricta y temprana iba a servir para ganar tiempo y organizarse?