La Política

Aún atravesados por la pandemia, no es tan difícil entender por qué a la Argentina le va como le va. Solo hace falta leer con detenimiento un par de notas de hoy. Una de Diego Cabot, que aparece en La Nación se titula: “Total paga el Estado. Sobreprecios y corrupción por la ineficacia de las compras”. La otra la firma Jazmín Bullorini, en Clarín. Se presenta así: “Impuesto a los ricos: los K dicen que no toca a la clase media, pero hay dudas”. Como ilustración de la nota, aparece una foto de Máximo Kirchner, y en el epígrafe se puede leer: “El próximo Máximo Kirchner tiene 143 millones de pesos de patrimonio y podría estar gravado”.

El Presidente Alberto Fernández tuvo un gran acierto y varios errores serios. El gran acierto fue dictar el aislamiento y la cuarentena, y comunicarlo con eficacia. No solo puso a la abrumadora mayoría de la sociedad de su lado. Al mismo tiempo convalidó el concepto de autoridad presidencial, que hasta entonces no había logrado. El espaldarazo fue contundente. Las encuestas le empezaron a sonreír. Y él, aunque dice que no le presta atención, las recibe y toma nota.

(Columna publicada en Diario La Nación) Tiene razón Longobardi: la curva de contagios del coronavirus no se va a aplanar amenazando a Rocca, accionista mayoritario de Techint. Tampoco haciendo sonar las cacerolas para que los diputados y senadores nacionales donen parte de sus dietas. No hay que ser muy despabilado para entender que lo ideal sería que ninguna empresa tuviera que despedir a ningún trabajador en medio de la pandemia . Pero la pregunta inevitable es qué emprendimiento, pequeño, mediano o grande, podría mantenerse en pie con la actividad paralizada a nivel cero. O, en todo caso, durante cuánto tiempo. La respuesta no es difícil: pocos, casi ninguno.

El Presidente Alberto Fernández extendió la cuarentena porque su diagnóstico sobre la situación es moderadamente optimista. “Entre un final muy pesimista, otro intermedio y otro optimista estamos navegando entre el intermedio y el optimista”, nos explicó este fin de semana una fuente muy cercana al jefe de Estado.

El coronavirus hizo casi desaparecer a la grieta, pero siempre hay un par de despistados que no se terminan de enterar que el planeta cambió. A los casos de Cristina Fernández, Marcelo Tinelli, el agresor del hombre de seguridad y las 5 mil personas detenidas por violar la cuarentena, se le deben sumar, los provocativos tuits del ministro de Seguridad de la provincia de Santa Fe, Marcelo Sain, quien le echó la culpa del virus a “los chetos” que vuelven de viaje; y las declaraciones de Daniel Filmus, quien interpretó que los aplausos del jueves pasado no fueron para los trabajadores de la salud sino para el gobierno.

A los simuladores de la política se les caerá la careta. Entre los múltiples efectos del coronavirus, hay uno, muy positivo: hará caer los hilos de las caretas de cada uno de los dirigentes políticos que ejercen y disputan el poder. Porque la emergencia es tan notable que los terminará desnudando a todos.

Aunque parezca mentira, la irrupción del coronavirus en la Argentina ha generado, para el gobierno, dos buenas noticias. La primera: el presidente, con una breve pero efectiva cadena nacional, retomó la iniciativa política y el manejo de la agenda. Después de lo que se percibió como una cierta subestimación de la pandemia, la decisión de “preservar” al ministro Ginés González García y permitir que la secretaria de acceso a la salud y médica infectóloga, Carla Vizzoti, comunicara las decisiones oficiales, se puede considerar un cambio sobre la marcha, pero en el buen sentido.

Hace tres días que Alberto Fernández no habla. Y quienes recibimos información política, más allá de lo que publican los medios, nos hacemos dos preguntas urgentes. La primera: ¿Cristina y sus muchachos están limando a Alberto Fernández? Y la segunda: ¿Cristina lo está cristinizando, radicalizando, empujando a pelearse con el campo, con los jueces y fiscales, con los medios y los periodistas que no se someten a los caprichos de la expresidenta?

A veces, lo que no se nombra tiene más relevancia que lo que se hace explícito. Así sonó que el Presidente no mencionara ni una sola vez, ayer, a Cristina Fernández, la dirigente que lo ungió en el cargo, a pesar de que la tenía al lado.

(Columna publicada en Diario La Nación) ¿Qué tipo de Presidente es Alberto Fernández? Veintidós días de gestión es poco tiempo -incluidos los fines de semana, y las fiestas de navidad y Año Nuevo- para responder semejante pregunta con certeza. Sabemos que se empezó a probar “el traje” de “Presidente” días antes de mayo de 2019, cuando Cristina Fernández lo ungió, de manera sorpresiva, como candidato. ¿Será verdad que llegó a aquella reunión pensando en pedirle a Cristina “apenas” la embajada de España?