Libros y Lecturas

Lunes. La cuarentena sigue pero no sigue. Si alguien en la calle no usa barbijo, llama la atención. Pero en las mesas de los bares la gente pide una cerveza y toma sin nada en la cara. Es una nueva fase a la que llamaremos la cuarentena de Schrödinger. Cara limpia, cara oculta. Y el gato que está vivo y está muerto al mismo tiempo en la caja cerrada. Pobre gato. Pobre caja también.

Lunes. Salí a hacer mis compras con el barbijo. Vi que la librería del barrio, un local pequeño a la calle, estaba abierta. Me acerqué. Habían puesto los cajones de libros baratos y ofertas en la vereda. Miré un poco. Fui a hacer las compras y cuando volví revisé una vez más y compré una edición de Ubú rey del CEAL, un raro libro de historia del nazismo, El Apocalípsis profético de San Juan, de un tal Joan Llarch, y un album de stickers de Adventure time. El libro sobre el nazismos se titula Antes, durante y después del Tercer Reich, un buen título. Editado en rústica durante 1968, la tapa es en blanco, negro y naranja. La editorial es Calicanto. Por ningún lado aparece nombre de autor. O sea, es un libro sin firma.

Lunes. Rafael Spregelburd, que es un muy buen lector de sí mismo, y en ocasión de comentar Bizarra, una de sus obras más ambiciosas, dice: “El problema del género telenovela en la Argentina es que ya es bizarro de por sí, y para que tenga éxito tiene que no respetar una de sus propias reglas. Dicho de mejor manera, el género posee un montón de reglas fijas que tienen que ver con el género gótico y con el fantasy en la literatura. Pero el éxito de una telenovela depende de respetar todas las reglas, pero violar una. Si la telenovela no viola una de estas reglas básicas se constituye en una telenovela más...” Es un párrafo sencillo y una idea simple. Pero “hay que cumplir todas las reglas menos una” es mucho mejor frase que “hay que conocer las reglas para romperlas.”

Lunes. En 1919, Freud da a conocer su ensayo Das Unheimliche, traducido como Lo siniestro en su primera versión española que se hizo en Buenos Aires en 1943. Heimlich, Unheimlich. Heimlich, Unheimlich. Hay ahí una clave para pensar las contradicciones, todas las contradicciones, de la modernidad. Y eso que son muchas.

Lunes. Nelson Rodrigues decía que solamente un burro leía veinte mil volúmenes. Para él, la lectura sofisticada era la relectura. Hablo sobre el tema con Robles. Parafraseando a Heráclito, nunca se lee dos veces el mismo libro.

Lunes. David Lynch es de capricornio a 30 grados. Lo acabo de googlear. Era evidente. See the job. Do the job. Stay out of misery.

Lunes. Mis hijos tomando el sol del invierno en el balcón hablan sobre el coronavirus. Mi hijo de seis años dice: “Al final parece que no pasó nada, pero sí pasó algo.”

Lunes. Escorpio ¿es adicto al vértigo? Plutón, fuerza de la naturaleza, no entra en un cuerpo humano.

Lunes. “Lo real del vínculo social es la inexistencia de la relación sexual." Y sin embargo, la cuarentena viene a demostrar que algo había… Harold Bloom: “The center of my work as a critic is my own version of Freud's dry observation: every one of us wishes to die her or his own death, and not someone else's.” Traduzco: todos queremos morir nuestra propia vida. No la vida de otro, de alguien más. Solo un crítico puede desear eso y solo un crítico -o un psicoanalista, el hermano tendero del lector, el boticario de la lengua- está preparado para saber que siempre, siempre, morimos la muerte de otro.

Lunes. Me despierto, me conecto y me entero que murió Ennio Morricone a los noventa y un años. Leo la emotiva carta que dejó a los suyos. Empieza así: ““Yo, Ennio Morricone, he muerto.” Luego le dedico el resto del día a llamar a Telecentro, reclamar, amargarme y escuchar música. Por la noche, me emborracho. La cuarentena ya se vuelve rutina, y no una buena rutina. Si al menos pudiera escribir algo. Pero ¿qué cosa? Necesito fuerza para eso. Soy como un pasto seco que lucha para que no se lo lleve el viento. Eso es escribir. Esa neurosis, esa ansiedad, esa esperanza. Hang in there, pasto.