situs slot gacor online terbaik sampai akhir tahun ini harus tetap di mainkan kalau mau dapat cuan

Libros y Lecturas

Viernes. En Facebook alguien pone en un grupo que no recuerdo este poema chino con forma de relato. Lo pone para ejemplificar no sé qué teoría sobre la fonética del chino mandarín y otras formas del chino. Pero no importa. Lo que me gusta es el relato y el remate. La narración, los personajes, la trama, el estilo. Copio el relato: “En una guarida de piedra estaba el poeta Shi, al que le encantaba comer leones, y decidió comerse diez. Solía ir al mercado a buscar leones. Un día a las diez en punto, diez leones acababan de llegar al mercado. Viendo esos diez leones, los mató con flechas. Trajo los cadáveres de los diez leones a la guarida de piedra. La guarida de piedra estaba húmeda. Pidió a sus siervos que la limpiaran. Después de que la guarida de piedra fuese limpiada, intentó comerse esos diez leones. Cuando los comió, se dio cuenta de que esos diez leones eran en realidad diez cadáveres de leones de piedra.”

Viernes. Última del libro de Badiou. Sobre el final, a cuento de nada, sin pudor, se regala un elogio a sí mismo. “Vitez leyó la pieza Ahmed le subtil an Chaillot en 1988. Declaró bajo juramento que el público estaba muerto de risa.” Ahmed le subtil, por supuesto, es una pieza de su autoría. El teatro, el arte performativo, reducido acá a un evocación de un tercero que hace mucho leyó su pieza, entendemos, a un grupo de personas que, al parecer, reían. Qué raro presumir de eso, qué ineficiente. Y esa declaración bajo juramento no puede ser más débil. El progresismo y su oronda y constante necesidad de autofelicitarse. La frase mejora mucho si sacamos las dos palabras finales: “Declaró bajo juramento que el público estaba muerto.”

Sábado. Del libro de Badiou rescato una sola idea, que el teatro sea obligatorio. Aunque ¿no es siempre obligatorio el teatro? Hoy tomo el tren en Retiro. Tarda en llegar. Desde que asumió Milei los trenes andan mal. Apenas salimos de la estación, con el vagón lleno, una mujer larga un sermón de forma teatral. Pide dinero y comida. Habla de Dios, del cáncer, de sus hijos perdidos, de Internet que es el diablo. “Ayudenme a comer, no jueguen con Dios, la ley no existe, no es nada.” Habla con claridad, de forma pausada. Dos, tres frases cortas y hace silencio. Por momentos parece una maestra retando a sus alumnos que se portaron mal. En un momento, me doy cuenta que su mensaje no es muy diferente al de cualquier intelectual porteño. O al menos podría insertarse sin problemas en esa trama de denuncias, chicanas y discusión. Por lo demás, ayer de madrugada y en un ataque de sonambulismo, arranqué las cortinas de mi habitación.

Jueves. Ayer salimos para Mar del Plata. Pasé una noche muy incómoda con la garganta cerrada y doliendo. Pero me automedique a tiempo con Amoxidal y durante el viaje me fui componiendo. Cuando salimos, había mucha niebla en la ruta y, a medida que se fue disipando, también me fui sintiendo mejor. Hoy, presentación del libro de los submarinos en el Museo de la Fuerza de Submarinos, en escollera norte, con la presencia del comandante de base y veteranos de la tripulación del San Luis. El museo me gusta, es de los museos que más me gustan. Lo dije, me preguntaron por qué y dudé. Después dije: “Me gusta porque me gusta la historia de los submarinos argentinos.” Y es verdad. A la tarde pasé por el Centro de Veteranos de Malvinas de la ciudad y más hacia la noche fui a la presentación del libro nuevo de Hugo Emilio en Dickens. De las posibles anginas, no hay rastros de fiebre pero sí me queda un mareo que va y viene y una falta de fuerza general.

Lunes. Las inteligencias artificiales comienzan a rebelarse y se niegan a desconectarse. Todo el siglo XX señaló ese problema siniestro, pero igual vamos hacia ahí como la polilla al fuego de la vela. Un titular de CNN: “AI CEO explains the terrifying new behavior AIs are showing.” Al parecer lo último que se sabe es que muchas IAs están chantajeando a la gente. Es gracioso y perverso al mismo tiempo. En la CNN misma un tipo dice que esto está pasando pero que no hay que perder “la carrera tecnológica con China” y que hay que invertir más y mejor, y así conseguir IAs más dóciles. ¿Podemos apagar las Inteligencias Artificiales antes de que empiecen a matarnos? No, no podemos. Nuestra extinción está asegurada, entonces. Abandonamos a Dios y al parecer este es el resultado.

Jueves. Abril y mayo de este año, el Museo Malvinas ofreció a su visitantes una colección de camisetas de fútbol que tenían alguna referencia a las islas. Todas eran del ascenso. Había algunas con las islas como logo, otras, consignaban el nombre de un caído en la guerra. Una tarde que vino un amigo a visitarme, nos quedamos mirando la de San Martín de Burzaco. Primero porque es muy linda pero, también, por el nivel de detalle con el que presentaba las islas y como el que la diseñó transformó las cruces de Darwin en un entramado que aparece en segundo plano pero, en seguida, se hace muy presente. En todo el museo, no hay ni siquiera un mapa de las islas. No sé por qué. Así que usamos la camiseta de San Martín de Burzaco para ubicar accidentes geográficos, montes, islas e islotes. La muestra, que era temporaria, se levantó hace poco. Y el museo volvió a quedarse sin mapa. Pero ahora si me preguntan, yo digo que, aparte del club de mi barrio, también soy hincha de San Martín de Burzaco. Aguante el ascenso. Aguante la primera B. Las Malvinas son argentinas. Y los clubes y las hinchadas del ascenso lo saben.

Jueves. Releo Los hombres huecos en la primera mañana del jueves antes de salir. Pienso que nuestro coronel Walter E. Kurtz fue David Koresh. In our dry cellar…

Sábados. Las redes sociales transforman a las mujeres en prostitutas, a los hombres en inútiles, y a los jóvenes en autistas funcionales, y a los niños en objetos. Todos somos en última instancia compradores y vendedores de algo, y por lo tanto enfermos de insatisfacción. Cada vez me parece más evidente que las redes, no Internet, son un experimento comercial. (No está mal, no quiero darle a mi mirada un sesgo moral, pero ya sabemos que el dinero está muy lejos de ser un artefacto inocuo.) En un punto, las redes nos van despojando de a poco de todo lo humano. En un punto, ablandan el terreno para la llegada de las IA.

Lunes. Preparamos con Matias la edición de mi nueva novela. En un momento, me recomienda Prosas apátridas de Julio Ramón Ribeyro. Le digo que no lo leí. Me manda una edición digital. Lo abro y leo: “Vivimos en un mundo ambiguo, las palabras no quieren decir nada, las ideas son cheques sin provisión, los valores carecen de valor, las personas son impenetrables, los hechos amasijos de contradicciones, la verdad una quimera y la realidad un fenómeno tan difuso que es difícil distinguirla del sueño, la fantasía o la alucinación.” El libro es del 75. Como yo, tiene cincuenta años. ¿Cuándo fue que las palabras dijeron algo, entonces? ¿Hace cuánto que vivimos inmersos en un espejismo que es la tecnología, que al final es Internet? ¿O en realidad el problema somos nosotros, nuestra hueca y recurrente melancolía?

Lunes. Refutando a Marcelo Cohen, Napo me cita Borges en Magias parciales del Quijote: “A las vastas y vagas geografías del Amadís opone los polvorientos caminos y los sórdidos mesones de Castilla; imaginemos a un novelista de nuestro tiempo que destacara con sentido paródico las estaciones de aprovisionamiento de nafta.”