Libros y Lecturas

Lunes. Si buscamos desfallecer el ritmo del significante, deberíamos empezar por salir de Twitter. ¿Ritmo? Pienso en una historia que sea la historia alemana del lobo y la lavandera, contada una y otra vez, con variaciones. Aunque quizás las variaciones estén de más. Lacan: “el inconsciente es el sujeto, en tanto alienado en su historia, donde la síncopa del discurso se une con su deseo.” 

Lunes. Neonazis defienden la estatua de Churchill en Londres durante una acción convocada desde Black lives Matter. ¿Contradicción? Más bien la historia toma un camino que, como diría Mavrakis, transparenta algo más.

Lunes. Compré en una librería digital dos libros pirateados. Invitación a la masacre de Marcelo Fox y Marc la sucia rata de José Sbarra. Arreglé una hora para pasar y fui en bicicleta hasta Devoto. Pocos autos, algunos viandantes por cuadra. Hacía frío. Volví contento. Las tapas de los libros me gustan. Sbarra y Fox, hay algo que los une. Su posición periférica, sus muertes con aire de drama antes que tragedia, su merodeo por los arrabales de la inteligencia porteña.

Lunes. El lento terror de la pandemia y los medios. El cansancio audiovisual. Lo más fácil y abundante de obtener es el Mal, decía Hesíodo. Para mí se equivocaba.

Lunes. La conciencia se transformó en una especie de commodity pero si la querés apurar, la transformás en paranoia y siempre te quedás afuera. Pero ¿afuera de qué? Afuera de la conciencia para empezar y afuera del negocio de la conciencia para seguir. Pero esa opacidad, después de todo, ¿no genera un goce? La paranoia como la droga dura, el estadio superior, de la droga blanda del narcisismo.

Domingo. Hace treinta años la cancillería argentina se conectaba por primera vez a algo que hoy conocemos como Internet y la OMS dejaba de considerar una enfermedad mental a la homosexualidad. Un año después caía el muro de Berlín. Por la tarde, veo un documental sobre Néstor Groppa. Leo algunos de sus poemas en un sitio web. El poeta de provincias, como diría Rojas.

Lunes. Tengo que ir a donar sangre. ¿Voy en bicicleta? El tema es la vuelta. ¿Se puede pedalear después de dar sangre? Así que ayer pensé en tomar el subte. Luego dudé. Cuando llegué a Primera Junta había todo tipo de colas. Parecía un chiste soviético. Todo el mundo estaba afuera y estaba haciendo una cola para algo. Para el banco, para el correo, para la farmacia, para el supermercado. Viajé sin problemas. Después llené un formulario. Una médica me hizo una serie de preguntas y finalmente me sacaron sangre. Volví como fui y en Primera Junta las colas seguían ahí.

Domingo. Desde hace dos días siento algunos mareos. No soy de marearme. Es algo nuevo. Espero que la sensación se vaya sola. Me doy un baño. Tomo un ibuprofeno. Pero sigue. El dolor es más una incomodidad, como una presión en la nuca, que sube hasta la cabeza. Voy a la farmacia a ver si me pueden tomar la presión. Pero los domingos no hay enfermera y la mujer de la caja me da a entender que, en contexto de pandemia, no importan las sospechas hipocondríacas. Hace un gesto de comprensión falso que me sorprende. Si llega un ACV, se verá luego. Intento dormir una siesta. Tomo una taza de té. Finalmente llamo al Hospital Italiano.

Domingo. Hoy Roberto Arlt cumpliría ciento veinte años. ¿Qué habría escrito de haber vivido un poco más? Para mí habría pasado a la televisión. Después del teatro, la tv. Creo que ya lo escribí alguna vez. Habría muerto a los ochenta y ocho años trabajando como productor para el Canal 9 de Romay. ¿O no son artlteanas esas ficciones de la década del 70 y el 80? Si le hubiesen dicho cuál iba a ser el destino de sus libros se habría sorprendido pero enseguida, tomado carrera, habría retrucado “y sí, mirá los perros que escriben ahora. Todos queriendo lucrar, ofreciendo sus prosa melifluas por monedas.”

Lunes. Una viñeta de Isaac Bashevis Singer cuenta que dos judíos se encuentran en una estación de tren. Uno lleva una valija enorme y el otro le pregunta “¿A dónde vas, Abraham?” Y el de la valija responde: “Me voy a vivir a la Argentina” A lo que el primero comenta: “¡Vas muy lejos!” Y el segundo dice: “¿Lejos de dónde?” Es una buena historia, simple y con un buen remate. ¿Por qué me impacta tanto? Parafraseándola podría decirse “estamos encerrados.” Pero ¿encerrados de qué? O quizás aún mejor ¿encerrados de dónde?