Libros y Lecturas

Sábado. Le improviso una breve historia del teatro a mi hijo para que se duerma. Describo la vida en Atenas, los actores cómicos o trágicos, las obras y los dramaturgos. Cuando salto a los contadores de películas de los pueblos bonaerenses, ya está dormido. Son apenas 2400 años de historia.

Miércoles. Murió John Mcaffe.

Lunes. Cuando vuelvo en bicicleta desde Constitución a Flores paso por la biblioteca Miguel Cané en la que trabajó Borges. Me gusta recomponer la colección de trabajos que tuvo. Empezó a trabajar muy tarde. Fue periodista y renunció a ser editor del suplemento Multicolor de los sábados que salía en Crítica. Después fue auxiliar de biblioteca y lo echaron por contrera. Y luego se las arregló como conferencista y ocasional redactor de algunas revistas. Piglia dice que dirigió o escribió en una revista del subte. Es posible. A veces pienso qué habría pasado si el peronismo no lo hubiera echado. Se habría quedado ahí, supongo, en la biblioteca. A veces pienso en cuánto cambió el barrio desde que Borges caminaba esas cuadras. A veces no pienso en nada y me dedico a pedalear.

Lunes. Ayer domingo, paseo con Mia Antonella por la 9 de julio y San Telmo. Bastante gente en la calle y en los bares. Miramos y sacamos fotos de fachadas y edificios. La arquitectura de Buenos Aires, siempre amenazada, siempre vital, qué bien se deja fotografiar los domingos de sol. No hacía frío. Compramos dos libros en el mercado, donde hay librerías de viejo y discos de vinilo más ropa y lugares para comer. Después bajamos a ver el Canto al trabajo de Yrurtia que está enrejada y verde, como si hubiese sido afectada por una radiación. Es una de las mejores piezas que muestra la ciudad. No, es la mejor. Y la mejor de Argentina también.

Lunes. Corrijo un largo ensayo sobre Aira. Pienso que sus libros son la aplicación narrativa, sin amagues ni fisuras, de lo mejor —Roland Barthes— pero también lo peor —todos los imitadores de Barthes— del estructuralismo francés. ¿Cómo lo sé? Porque esos libros son fáciles de enseñar, una característica muy específica del estructuralismo francés. Útiles para ponerlos de ejemplo, para señalar los temas de la narración, sus recursos, sus herramientas… ¿Hay en los libros de Aira saberes que no atiendan a los de la mera literatura? Bueno, esto es imposible. La ficción siempre habla de otra cosa. Pero el esfuerzo está puesto en esa tonalidad autoreferencial en la disciplina elegida. De paso, no hay otro estructuralismo que el francés. No llega a haber, por ejemplo, un estructuralismo argentino.

Lunes. Constitución es un barrio de transas, putas y travestis. Se los ve en la calle a cualquier hora y conviven con los vecinos. Los dos grupos, los marginales y los vecinos, existen en realidades paralelas y hacen de la indiferencia, un arte. Una madre con una nena pasa por una vereda donde una gorda se ofrece semidesnuda. Un travesti se muestra a un taxista que la ignora. Un viejo saca la basura mientras un pibe de gorra y campera adidas espera en la esquina. La policía pertenece a los dos grupos. Es como un nexo de seguridad y violencia latente entre ambos. Los grupos de angoleños y dominicanos que van y vienen están en un tercer plano. Hay un cuarto grupo que son los viandantes, hombres de paso, trabajadores del proletariado suburbano que llegan o salen de la estación de trenes. No hay librerías en el barrio y desde el segundo piso en el que estamos siempre se escuchan gritos. A veces son borrachos, a veces los vecinos. Con “vecinos”, me refiero a gente sin personalidad social, que no participa del negocio de la calle ni de su administración.

Lunes. El fin de semana arrancó el confinamiento obligatorio de nueve días. Desde el viernes a la medianoche, todos adentro. Mi pregunta ya es por el año que viene. Este año va a ser de muerte y de lucha contra la muerte. (La politización del virus, más bien su partidización, me interesa bien poco. Lo que surgen son peleas del contra-sentido-común, el antiperonismo descargando una cadena interminable de infamias. Y el peronismo cuidando al centímetro el costo político que se arriesga. Todo es triste y banal.)

Lunes. Un titular de Crónica: “Se contagió de Covid-19, falleció y luego resucitó.” Copete: “La increíble historia de un hombre de Pergamino emocionó a todos con su relato sobre los momentos en que estuvo muerto y luego volvió a la vida, ganándole la batalla al coronavirus.” ¿De qué tipo fue esa emoción compartida?

Lunes. Lucas Ferrero pasó por casa a buscar un libro que yo tenía en la biblioteca y él necesitaba. Me interesa como lector, lo que divulga, lo que elige. Me recomendó La venganza de Killing de Rafael Bini. Cuando se fue, entré en Mercado Libre y lo compré. Al rato lo recibí y lo empecé a leer. Me sorprende que se haya editado en 1993. Aunque no tanto. Creo que hay que leerlo como un anticipo de Vivir afuera de Fogwill y de Las islas de Gamerro, que salieron en 1998. Tiene el mérito de estar escrito antes de que pase la década. Hay pocas novelas que piensen y narren bien los años 90. Fue una época de mucha confusión.

Martes. Leo a Montaigne de forma semanal. Uno, dos o tres ensayos por semana. Preparo mis clases. También escribo una serie de notas sobre Dolphy. (Lo único que me motiva ahora, enseñar Montaigne, escribir sobre Dolphy.) Mia Antonella se mudó a Constitución. Ahora me dice que el barrio con sus chulos, sus cartoneros, su prostitución, sus dominicanos y sus senegaleses, que era lo que más dudas nos daba, me dice que ahora el barrio es lo que más le gusta.