Jueves. La caldera que calienta el agua en mi departamento no anda. No me puedo bañar ni calefaccionarme. El display electrónico da error cuando la enchufo. Busco el manual en la web y lo leo. No entiendo qué tengo que hacer y si puedo arreglar la caldera por mi cuenta. Llamo a mi tío y me dice que falta presión de agua. Arreglo eso abriendo una válvula oculta en la parte de abajo de la caldera. Así pasó de E07 a E01. La letra E es de error. El E01 demanda que haga un reset de la caldera pero no sé cómo hacerlo. Vuelvo al manual. Lo leo bastante a conciencia. La caldera sigue sin encender.

Más tarde. Ayer, viaje al museo releyendo Antígona, en la edición de Cátedra. Luego ya de vuelta en casa, clase con Santoro. Buenas narraciones críticas sobre obras de Giovanni Bellini, Caravagio y Tiziano. Antes del viaje con Antígona y los pintores italianos, algunas partidas de Fornite con Carmelo que muy pronto cumple siete años.

Viernes. Intento arreglar la caldera por mi cuenta. No puedo. Llamó a un técnico. Me sorprende que venga en seguida. Llega, entra a la cocina, mira la caldera. Me dice: “La caldera está bien pero no tiene gas. No llega el gas.” La cocina funciona pero la caldera, no. El técnico me cobra 1500 pesos por decirme eso y se va. Llamo a la administración del consorcio del edificio. Me dicen que van a mandar un gasista. Pero no mandan a nadie. Insisto y una mujer me da un teléfono. Llamo. El gasista dice que tengo que tener acceso al sótano. Bajo pero la puerta está cerrada y no tengo llave. Hablo con la portera. La portera no está trabajando. Pero le pide a un vecino, no sé a quien, que me abra el sótano. Llega el gasista. La visita es rápida. Eso me gusta. Bajamos al sótano. La puerta está abierta. Sí, dice, está roto el medidor. Lo desarma. Me dice que se lo lleva y que me lo trae arreglado el sábado. Se va. Sinto un alivio. Vuelvo a mi departamento y sigo leyendo el manual de la caldera que bajé en un pdf.

Más tarde. Preparo la clase de mañana. Voy a hablar de “los problemas del novelista.” Como si fuera una invocación, el gasista me manda un mensaje. La administración no le libera el pago. Y si no le pagan, me dice, con tono de velada amenaza, él me devuelve el medidor como está. O sea, roto. Hablo con la administradora. Le pido que pague lo que tenga que pagar. Me dice que no le gusta mi tono. Le digo que voy a llamar a Metrogas y que van a cortar el gas para todos hasta que se arregle. Me pide que no le hable con amenazas. Le cortó. A los quince minutos me llama y me dice que el consejo del edificio va a pagar el arreglo. Le agradezco. Hacia las siete de la tarde la temperatura baja a siete grados.

Sábado. La BBC dice que Gran Bretaña se prepara para que el covid no se vaya. ¿Que no se vaya más? Acá la vacunación funciona. Aunque el número de muertes es regular, los contagios bajan. Pero ¿qué significa eso? “De a poco vamos retomando la rutina” se escucha. Pero no es tan “de a poco” y tampoco es “la rutina.” También se escucha que la variante Delta va a llegar para interrumpir nuestras vidas una vez más. En España hablan de un “quinta ola.”

Más tarde. Vino el gasista y en menos de diez minutos conectó el medidor reparado. Me dijo que los nuevos modelos son de plástico y se rompen. ¿Qué se rompe? Un engranaje y eso impide que pase el gas. Purgo las cañerías de aire antes de encender la caldera. A la media hora todo vuelve a andar. Escucho en YouTube al pianista argentino Nicolás Chientaroli. Vuelvo a mi clase sobre “los problemas del novelista''.” Escribo sobre cómo concentrarse. No es tan difícil después de todo.

Domingo. Veo fotos que manda el Robot Perseverance que aterrizó este año en Marte. Los paisajes marcianos son hermosos. La mayor parte de su historia, la Tierra estuvo habitada solo por microorganismos. La evolución necesitó unos más de tres mil millones de años para que nacieran plantas y animales. ¿Vida en Marte? ¿Y por qué debería estar sincronizada con la de la Tierra? Si se encuentra algún rastro de vida en Marte lo único que puede significar es que Dios existe. En un puesto de libros de Primera Junta encuentro una edición de Doktor Faustus publicada por Sudamericana. Me fijo la fecha. Tercera edición de 1957. Traducción del catalán Eugenio Xammar. Hace frío y el librero se acerca. “Buena novela” me dice. Le contesto: “El otro día hablaba con un amigo de cómo la escribió, con la ayuda de Adorno y la ayuda indirecta de Schoenberg.” El librero me dice: “Sí, retrata muy bien la locura alemana. ¿La leíste?” Le respondo que no con la cabeza. “Está marcada como 300 pesos pero llevatela por 100” agrega. Le pago. Le agradezco. Me estoy yendo, el librero me saluda y le escucho decir: “Thomas Mann…” Lo dice para sí mismo como una evocación. Vida del compositor aleman Adrian Leverkün narrada por un amigo. Robles me dice que Eugenio Xammar entrevistó a Hitler en Munich, antes de la guerra, antes de todo. Luego me pasa un link con la entrevista en Catalán. Mavrakis me manda un mensaje: “En EEUU creo que el 30% de la gente no se quiere vacunar. Después te hablan de la era de la información. La democracia es un fiasco total hasta para la conservación de la vida.”