Viernes. Sueño que Hernán Vanoli me pide que lo acompañe a buscar su auto. Vamos hasta un estacionamiento subterráneo. Cuando empezamos a bajar, noto que la pendiente es muy empinada. Empiezo a dudar. Siento terror. Vanoli ya no está. Cuando me doy vuelta para salir el techo baja y reduce el espacio hasta aplastarme. Cuando me despierto, tengo el impulso de llamar a Hernán para saber si está bien.

Más tarde. La gente, de forma masiva, se vuelca a hisoparse intentando conseguir una certeza patológica en un mundo de incertidumbres metafísicas. El equívoco se me hace evidente: cuanto más se publicita la enfermedad propia, menos angustia se siente. De ahí la necesidad de saber, de gritar, de hacerle saber al otro que uno está enfermo. (Aunque quizás no sea un equívoco, quizás en las mentes aturdidas de los argentinos hay un consuelo en el exhibicionismo. Esto quizás excede al virus.) Después de Arrau tocando un integral de Mozart, vuelvo a escuchar a Scriabin. Poèmes, Mazurkas, Études, Sonatas en YouTube. Napolitano en Twitter: “Si en tu vida no encontrás un maestro buscate un enemigo, es igual de edificante.”

Sábado. Aislado, veo películas rusas de Balabánov que me recomienda Robles. También: The card counter, muy bien todo, actuaciones, planos, hasta música y vestuario; Sweet Virgina, me gustó menos, todo muy bueno pero el guión se queda. Falta violencia; El prófugo, argentina. Momentos muy altos. Bien realizada. El guión también se queda un poco.

Domingo. En YouTube se puede ver el corto documental Bahía Paraíso sobre la actividad antártica argentina a mediados de los años 70. El guión lo hizo Haroldo Conti y lo dirigió Esteban Etcheverrito. Como todo documental institucional del siglo XX es divertido de forma involuntaria. Resulta evidente que Conti no tenía mucha idea de qué era la Antártida o qué pasaba en una base, pero las imágenes están muy bien. La música es genial. Mirando el documental pienso: ¿por qué no existe en nuestro país un cine antártico? Ahí hay una deuda. Después vi Invasión de Hugo Santiago, del cual Etcheverrito fue asistente de dirección. Me pareció excelente, una obra maestra. La copia que recuperaron unos franceses se ve bastante bien en YouTube, aunque algunos planos quizás sean demasiado oscuros. Buenos Aires se merecía un poco más de Nouvelle Vague. Más tarde hablo con Robles que sigue con el cine ruso y le digo que Invasión es una película que describe al mismo tiempo la vuelta de Perón y el surgimiento de montoneros. En la película la resistencia pelea contra y a favor de la vuelta de Perón. No me da bola. Sigue con Balabánov. Me cuenta que le faltan ver dos más y ya vio todas las películas que hizo. Invasión me resulta más artleana que borgeana, quizás porque hay un costado de Borges que está muy cerca de Arlt. No descubro nada con esto. Voy a verla otra vez.

Lunes 10 de enero. A la tarde veo Acusada de Gonzalo Tobal con Lali Espósito y Leo Sbaraglia. Muy buena. Excelente el guión, la tensión, las actuaciones. Toda la película está hecha con mucho equilibrio y criterio. La textura de las escenas tiene un filtro azul, galvanizado, que resulta magnético.

Martes. Salgo de mi casa. Viajo en transporte público. Alguien escribió en una pared de la conexión entre la línea A y la línea C: “Este subte no te lleva a donde realmente querés ir.”

Más tarde. La ciudad de Buenos Aires, entre el gaucho solitario y la familia italiana. Desde afuera no se entiende. ¿Qué clase de ruido? Ahora toquemos.