Lunes 31 de enero. Estoy llegando a las quinientas semanas de este diario de lecturas y tengo la impresión de que siempre escribo la misma deslucida página con algún acierto menor, muy poca cosa, y solo en algunos momentos aislados. Leer, ¿qué leer? ¿Para qué? Escribir, ¿qué escribir? ¿Para qué?

Más tarde. Sin querer, me engancho con El ejército del porvenir del General De Gaulle, en una edición de Sur, fechada en 1940. La fecha vale más que el título, dice más. Los veo a los del grupo Sur cerca de De Gaulle, desde ya. La liberación de París, lo francés, la liberté, la Marsellesa. Pero fueron los peronistas los que lo recibieron en 1964. “¡De Gaulle, Perón, Tercera Posición!” se cantaba. Desde Madrid, Perón pidió que lo recibieran como si fuera él mismo. ¿Perón dice que De Gaulle es Perón? Perón pide que se vea en De Gaulle a Perón. Hay una rara belleza en esa identificación. Lo que habla en ese paralelismo es el movimiento de la historia. En 1958, cuando Argelia se prendía fuego y la izquierda francesa desconfiaba, un periodista le preguntó a De Gaulle si al asumir el gobierno de Francia, iba a garantizar las libertades públicas fundamentales. Y De Gaulle le respondió: “¿Estuve alguna vez en contra de las libertades fundamentales? Siempre estuve a favor de las libertades públicas fundamentales. Es más, yo las restablecí. ¿Por qué pretende usted que yo a mis sesenta y siete años empiece una carrera de dictador?” El ejército del porvenir empieza con una descripción geográfica de Francia muy linda, que luego se desliza al tema de la seguridad nacional. De Gaulle cita a Napoléon: la política de un Estado está en su geografía.

Martes. Veo la entrevista completa Torre Nilsson en el programa A Fondo, conducido por el inefable Joaquín Soler Serrano, que se emitió por TVE el 8 de agosto de 1976. Me gusta, me da alegría notar su inteligencia amable. Enseguida se declara miserable, como todos los directores de cine. Habla mucho del amor al trabajo, del oficio, dice que odiaba el cine y que acompañaba al padre a los sets donde se desentendía de lo que pasa y escribía sonetos. Después sobre las diferentes películas que hizo en norma y estilo dice: “como no he sido convenientemente psicoanalizado, tengo tres personalidades que andan por ahí.” Habla en un momento de “La ternura de mis enemigos” y dice que da “mucho pasto a mis enemigos.” Al final de la entrevista dice que está leyendo novela española porque es posible que haga cine español. La dictadura viene de prohibirle una película, y dos años después va a morir muy joven.

Miércoles. Sofia Brucco puso en Twitter: “En Comizi d'amore, Pasolini se acerca a la gente en la playa para preguntarles si están a favor del divorcio. Se acerca a un joven bronceado y le pregunta si estaba a favor del divorcio. Él le dice no, Pasolini pregunta por qué y el chico le responde: porque soy calabrés."

Jueves. Escribo un artículo sobre los cien años del Ulises para Revista Paco. El mismo día, Joyce cumpliría ciento cuarenta años. ¿Por qué De Gaulle? ¿Por qué Joyce? Porque soy calabrés.