Lunes. Juan Blanco quería mi libro nuevo, y también el de Aira. (Es buen lector de Aira, no sé qué pensará de lo que escribí.) Está viviendo en el centro, así que teníamos que poner un punto de encuentro y se me ocurrió Pasteur y Corrientes. Nos encontramos y le propuse buscar el árbol y la placa de Juan Carlos Terranova, que murió en el atentado de la AMIA. Caminamos por la mano derecha de Pasteur desde Corrientes hasta Córdoba. Faltaban algunas placas. Otras estaban sucias, rotas o ilegibles.

Cuando llegamos a Córdoba no habíamos encontrado la de Terranova. Sentí algo de pena por la situación. Hablamos del atentado y de libros y de la vida laboral de Juan en la ciudad. Volvimos por Pasteur y finalmente encontramos el recordatorio de Juan Carlos Terranova. Estaba bastante bien preservado. Los tres éramos Juan. En el árbol alguien había atado una bicicleta.

Martes. La máquina, la nada y el anti-ser insisten en desalojar nuestra identidad, en vaciarnos, luego, las cáscaras que siguen moviéndose necesitan agredir y reafirmarse en cualquier idea para seguir existiendo. Las corridas por izquierda y la frivolidad vienen de ahí. Jünger decía que se puede vivir entre ruinas pero no se puede vivir de las ruinas. Por ruinas hoy entendemos redes sociales y periodismo.

Miércoles. Por momentos pienso que lo único que puedo leer es el Borges de Bioy. Check out the hook while my DJ revolves it.

Más tarde. Mi hijo se subió hoy a un árbol de la plaza. Subí con él. Estábamos solo, protegidos por las hojas. Hablamos un rato. Después él hizo pis desde ahí. Nos reímos. Me acaba de decir que cuando sea viejo, él me va a cuidar.

Jueves. Murió David Bennet, el tipo al que le pusieron un corazón de cerdo en Maryland, y en la legislatura porteña se votó a favor de declarar Puerto Belgrano como un libro de interés cultural. ¿Qué clase de ruido? Flores, barrio de la cabalgata. Ahora toquemos.