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Viernes. Última del libro de Badiou. Sobre el final, a cuento de nada, sin pudor, se regala un elogio a sí mismo. “Vitez leyó la pieza Ahmed le subtil an Chaillot en 1988. Declaró bajo juramento que el público estaba muerto de risa.” Ahmed le subtil, por supuesto, es una pieza de su autoría. El teatro, el arte performativo, reducido acá a un evocación de un tercero que hace mucho leyó su pieza, entendemos, a un grupo de personas que, al parecer, reían. Qué raro presumir de eso, qué ineficiente. Y esa declaración bajo juramento no puede ser más débil. El progresismo y su oronda y constante necesidad de autofelicitarse. La frase mejora mucho si sacamos las dos palabras finales: “Declaró bajo juramento que el público estaba muerto.”

Más tarde. Actualización del sainete inmobiliario. La Nación sacó una nota ligeramente injuriosa, donde con humor bursátil se preguntaban cuánto sale el departamento de Sarlo. Luego pasamos a un largo entreacto. Por ahora, la noticia se apagó. Comienzo a preparar una edición de Sociología de la guerra, filosofía de la paz de Astrada. Armo una bibliografía con ayuda de Martín Prestía. En China se jugó el primer partido de fútbol tres contra tres de robots controlados por IA. La nota dice que el nivel es de niño de seis años pero por el video que se adjunta cualquier equipo de niños los vencería muy fácilmente. Los robots se caen solos, no logran pegarle a la pelota… Sin embargo, en esas imágenes está nuestro futuro siniestro.

Sábado. Explotó una estación de servicio en Roma. Alguien filmó una cancha de tenis y, en el polvo de ladrillo, las esquirlas.

Domingo. Si vis pacem, para bellum. El miércoles pasado estuve en el Museo de Armas de la Nación de Plaza San Martín. Lejos, el museo que más me gusta de la Ciudad de Buenos Aires. Sin remilgos, ni hipocresías, construido con orgullo y pasión, cada una de sus salas cuenta cómo los hombres se relacionaron con las máquinas y la idea de Nación, en toda su dimensión trágica y sensible. Cada hoja de cada espada, cada munición, cada uniforme, aparecen interrogados y narran qué somos y de dónde venimos. Lo que más me gusta es el cartel que, con síntesis barroca, dice: “Aquí descansan las armas que forjaron la Patria.” La idea de que las armas pueden descansar después de forjar, un verbo del metal, la tierra de nuestros padres me resulta hermosa y sensual, nunca exenta de dramatismos. Napolitano me cuenta que una Inteligencia artificial que consulta le mintió. Frente a una consulta sobre Kafka, la IA le dijo que Mailer –¿qué Mailer?– había definido a Kafka como “el santo patrón del neurótico.” Cuando Napo le pidió detalles y fuentes, la IA respondió que “parece haber sido una interpretación mía demasiado libre, hasta donde he podido comprobar, no existe una fuente directa.” O sea, que ahora los robots interpretan y mienten. Lo cual significa que muy pronto también van a empezar a suicidarse. “Le reconozco que es una buena e ingeniosa definición la que tiró” dice Napo. Mientras escribo, veo un registro en video de un robot paseando a un perro robot.

Más tarde. Titular: “Un hombre decapitó a su madre con un hacha.” La nota: “Un hombre de treinta y cuatro años con esquizofrenia y discapacidad auditiva fue detenido tras asesinar brutalmente a su madre en Rafael Castillo. El hecho ocurrió en una vivienda de la calle Beethoven al 4200. El acusado llegó por sus propios medios a una clínica, con manchas de sangre y pidiendo ayuda mediante señas. Al acompañarlo a su casa, la policía encontró el cuerpo de Nélida Noemí Martínez, de cincuenta y ocho años, decapitado y junto a un hacha ensangrentada.” Podríamos decir que tiene la belleza de las historias simples. Calle Beethoven, discapacidad auditiva. El guionista tiró un guiño ahí.

Lunes. Hoy me desperté y me di cuenta por qué no funcionó a nivel comercial un libro sobre peregrinaciones argentinas que escribí y publiqué hace veinte años.

Martes. Opinando sobre los bombardeos de Israel en Gaza, Rita Segato dijo que ya no quería pertenecer a la raza humana. La frase exacta fue: “Ya no quiero pertenecer a esta especie siniestra.” Cómo si uno pudiera cambiar eso… ¿Toda la raza humana es siniestra? ¿Los millones que aman, cuidan a sus hijos y sus familias, trabajan, comparten, viven, existen…? Después agregó: “yo he optado por declararme exhumana, no soy más ser humano. No quiero ser parte de eso. Desprecio profundamente la especie a la cual pertenezco.” Pensé que era una afectación superyóica más a la cual esta gente nos tiene acostumbrados, y también pensé que si lo que decía era cierto, la excelsa Rita debía proceder, sin más, al suicidio. Sin embargo, un minuto después, entendí que Segato sigue el plan de la CIA para las naciones católicas y periféricas: militar la culpa y que, cuanto antes, los robots se hagan cargo. Lo de Segato, entonces, es entrismo androide.