situs slot gacor online terbaik sampai akhir tahun ini harus tetap di mainkan kalau mau dapat cuan

Viernes. En Facebook alguien pone en un grupo que no recuerdo este poema chino con forma de relato. Lo pone para ejemplificar no sé qué teoría sobre la fonética del chino mandarín y otras formas del chino. Pero no importa. Lo que me gusta es el relato y el remate. La narración, los personajes, la trama, el estilo. Copio el relato: “En una guarida de piedra estaba el poeta Shi, al que le encantaba comer leones, y decidió comerse diez. Solía ir al mercado a buscar leones. Un día a las diez en punto, diez leones acababan de llegar al mercado. Viendo esos diez leones, los mató con flechas. Trajo los cadáveres de los diez leones a la guarida de piedra. La guarida de piedra estaba húmeda. Pidió a sus siervos que la limpiaran. Después de que la guarida de piedra fuese limpiada, intentó comerse esos diez leones. Cuando los comió, se dio cuenta de que esos diez leones eran en realidad diez cadáveres de leones de piedra.”

Más tarde. De la misma manera que no hay que confundir amargura con crítica, el resentimiento y la envidia –que pueden ser grandes motores creativos– no garantizan el talento. Aunque hay una trampa en pensar así. Si hay talento, todo es fácil. La pregunta es ¿qué pasa cuando no hay talento? ¿Dónde ir? Se necesita un mínimo de esfuerzo para alimentar envidia y resentimiento. Un mínimo de disconformidad y valentía… Ahí ya hay algo. ¿Existe un camino hacia la obra por esos sentimientos desagradables y pérfidos? Es probable.

Sábado. ¿Podemos hablar de un sujeto digital? No solo ese sujeto ya existe y puede ser verificado con mucha facilidad, de forma empírica, sino que estamos llegando tarde con el cambio de paradigma. Las máquinas mecánicas transformaron al hombre. La revolución industrial con sus telares automáticos y sus rústicas pero potentes máquinas a vapor también, y en muy poco tiempo. La imprenta tuvo dos grandes saltos recientes, ambos en los cambios de siglo. Del XVIII al XIX y del XIX al XX. La conexión global digital que todavía era una especulación en la década de 1980, veinte años después, se transformó en una realidad. A cada salto tecnológico, el sujeto cambia. Fue de las aldeas del neolítico a las ciudades y de las ciudades a la conexión. Sin embargo, el sujeto moderno, producido y perfeccionado en la técnica del siglo XX, terco, se resiste a creer, con sus saberes y su orgullo, que acaba de ser desplazado. El sujeto digital piensa, actúa y responde a nuevos estímulos y todavía es parte de la modernidad. Pero vota, se angustia, celebra y entiende la realidad de una manera muy diferente a la de su antecedente unplugged. Por ahora conviven y se mezclan en un proceso con miles de variantes. Pero hay un cambio. Ahí está lo nuevo. La Inteligencia artificial no es más que otra capa de barniz de ese nuevo sujeto. La política, el psicoanálisis, las ciencias sociales y el derecho deberían tomar nota de estas transformaciones. ¿Cómo entran los robots en esta historia? Noticia. A las androides de compañía les dicen esposas reborn. La nota de Infobae lo explica así: “Son androides femeninas con apariencia realista, voz generada por inteligencia artificial y capacidad para mantener conversaciones personalizadas. En países como China, la demanda de estas figuras crece a niveles insospechados.” Parece que en Brasil ocurre algo similar. Si las programan para ser sumisas y obedientes es probable que sus esposos se aburran. Así que muy pronto vamos a tener Esposas reborn SM edition.

Lunes. Hablando con Godoy entiendo que la gran decisión de mi vida fue estudiar Letras en la UBA. Ahí me la jugué toda a un pleno. Toda mi vida está en esa decisión. La decisión de entrar de lleno a esa familia, la gran familia de la miseria intelectual porteña. Para su cumpleaños, Godoy se fue al Tigre a unas cabañas de diseño escandinavo. Le gustó pero dice que hace mucho frío. Quedamos en ir juntos con nuestros hijos cuando el clima mejore. Napolitano me pregunta por un libro que haya sido inaugural para mí. Lo hace porque leyó que en Twitter describí un breve momento feliz de mi vida, cuando leía revistas Columba a fines de los años 80, escuchaba Depeche Mode y la Heavy Rock and Pop, me vestía todavía como un punk italiano de Piazza Verona, y empezaba a entender a Iron Maide. Y en 1990, mi madre me regaló un libro de Hemingway. “Esa es una escena, el lector encuentra los libros que lo formaron, comenta, recuerda” me dice Napo. ¿Cómo escribirla? Prefiero buscar ese libro en la biblioteca otra vez. Una historia del siglo XXI: “En 2017, James Mack, de cuarenta años, hizo todo lo posible para volver a la vida de su exnovia. Tras presentar una orden perimetral en su contra, se sometió a más de treinta cirugías plásticas para cambiar por completo su apariencia. También cambió legalmente su nombre a Jason Monroe. A pesar de su drástica transformación, su comportamiento terminó levantando sospechas. Las autoridades descubrieron su verdadera identidad y fue arrestado por acoso.” Hay dos finales para esa historia. El tipo cambia tanto que se vuelve el mejor novio y luego esposo. Pero entonces teme ser descubierto y vive en la paranoia. La otra, seduce a su ex novia y vuelve a violentarse y de nuevo ella lo expulsa de su vida. Entonces, el tipo, que no se rinde, se vuelve a hacer cirugías para intentarlo una tercera vez. Ella se podría hacer una cirugía para escapar de él también. Al final no son dos finales. Más bien las variaciones resultan infinitas. Leo también que una adolescente descubrió que un acosador anónimo que la molestaba por las redes durante años era, en realidad, su madre.