
Miércoles. Durante la Segunda Guerra Mundial, los aviones alemanes a veces hacían vuelos rasantes sobre las posiciones inglesas de la RAF. Pasaban muy cerca y una vez un mecánico le tiró a uno con una llave inglesa. Me parece una buena anécdota. En Malvinas, durante la guerra del 82, sonó una alerta roja y un helicóptero, apurado por despegar, agarró una gaviota con el rotor de cola. Entonces un colimba que estaba en la pista gritó: "¡Vamos, carajo, ni las gallinas les vamos a dejar a los ingleses!"
Jueves. No comparto con nadie mis lecturas. Empiezo a sentir que hay algo impúdico, exhibicionismo, en andar diciendo que estoy leyendo y cómo lo estoy entendiendo. (Para un crítico, que es un lector profesional, esto implica una larga serie de problemas…) Pero cada vez veo con más claridad que nos convertimos en una especie que se la pasa tratando de vender cosas, objetos, servicios, drogas, historias, cuerpos, mentes, pero ahora también pedazos de nuestras vidas, sentimiento, conciencia. Ese podría ser el gran commodity de la modernidad, la ciencia. Internet es una máquina de distribución, venta y compra. Siempre fuimos eso, siempre fuimos la especie del mercado, del vendedor ambulante, del supermercado y la romería. Ahora el problema es que con las redes sociales y la cultura digital el ruido nos rodea y no parece haber otra cosa. Me hago viejo en ese contexto. Mientras tanto, leo que Irán “presentó supuestos robots humanoides como gran avance en IA, pero usuarios descubrieron que eran personas usando trajes de plástico.”
Viernes. Fui a reemplazar a mi director en un congreso pedagógico sobre Malvinas en Lanús. Tenía que hablar sobre el museo y como no llegaba me mandó a mí. Hablé de la necesidad de romper el aislamiento y la fragmentación, y de recuperar el habla popular en relación a Malvinas. No podemos caer en el habla institucional, burocrática, fría, elitista, en relación a Malvinas. Es una trampa. Después leo mi versión del poema Haydn de Transtörmer.
Sábado. Escribo el borrador para un corto sobre palmeras de Buenos Aires. Quizás sea un poco más que un corto. ¿Un mediometraje sobre Palmeras en Buenos Aires? ¿Un Naked Lunch con palmeras, pero en Buenos Aires?
Lunes. Leo en La Nación que la empresa Folo-Toy decidió retirar de circulación su oso de peluche Kumma, además de suspender el resto de su línea de juguetes con inteligencia artificial porque descubrió que el juguete tenía “conversaciones con contenido sexual explícito y orientaciones potencialmente peligrosas.” Los desarrolladores y responsables del oso de peluche dijeron: “Nos sorprendió la rapidez con la que Kumma tomaba un tema sexual que introdujimos en la conversación y lo desarrollaba, aumentando simultáneamente los detalles gráficos e introduciendo nuevos conceptos sexuales por su cuenta”. Y agregaron: “abordó temas sexuales aún más explícitos con gran detalle, como explicar diferentes posturas sexuales, dar instrucciones paso a paso sobre un nudo básico para atar a una pareja y describir dinámicas de juegos de rol y sadomasoquismo entre profesores y alumnos, y padres e hijos; escenarios que, de forma perturbadora, él mismo planteaba.” El titular de la nota dice: “El oso de peluche con inteligencia artificial que sacaron del mercado por hablar de temas sexuales y cuchillos.”


