
Sábado. El canon universal de Harold Bloom es un libro sobre geopolítica escrito desde la geopolítica. Y la geopolítica en nuestra era moderna es la España católica contra la Inglaterra anglicana. Desde luego, el pueblo de Israel apoya a esta última.
Domingo. Hoy cumplo cincuenta años. Ayer, festejo en el bar de Mia. Le pido a mis amigos que me regalen libros viejos y usados. Jerry, con sorna, me regala una novela de una feminsita negra. Me lo da y se sonríe. Francisco me trae El hombre en el castillo. Me pregunta si la leí. Le digo que no solo la leí sino que la plagié. Napo me trae un libro de cartas de Marcel Schob y The Bomarzo affair de Buch. David me trae una libreta naval de un cadete de 1951, una reliquia. Mis regalos son buenos regalos, funcionan bien. Con cada uno de los que me regalaron siento ganas de discutir esos libros que me regalan. Napolitano: “Bach no solo se plagió a sí mismo, sino que, se anticipó, y plagió a todos los que lo iban a plagiar en el futuro.” Napolitano: “La música se termina cuando empieza la terapéutica, es decir, cuando hay cualquier intento de cura.”
Lunes. No somos futuristas pero no podemos dejar de serlo. Estamos conectados todo el tiempo, pero deseamos estar desconectados. Quedamos atrapados en la idea digital de futuro. El verano es un tiburón inflable colgado en la puerta de un negocio.
Más tarde. Rae cita a Zappa. Zappa leyó, en la Convención Nova, el monólogo del culo de Naked Lunch. Al parecer, Zappa dijo como introducción ese día: “No me gusta leer libros. Pero les voy a leer esto que…” Etcétera. ¿No le gustaba leer libros? Qué liberación. Se trataba de una impostura, en la medida en que, a continuación de esa afirmación, iba a leer un libro y en público. Pero me resulta tan sofisticadamente liberador poder decir en público “no me gusta leer.” Desde mi biografía es una imagen tabú, o mejor, imposible. Y jamás se me hubiera ocurrido dicha por uno de los ídolos de mi juventud.
Martes 30 de diciembre. John Huston estaba comiendo en un restaurante de Los Ángeles. Quizá cerca de Hollywood, quizás no. Huston ya era un director importante y le gustaba relajarse después del trabajo cenando y tomando una copa, como a todo el mundo. No sabemos qué estaba comiendo, pero es muy posible que fuera una pieza de carne acompañada con un vino de California. Tampoco sabemos quién estaba con él. Amigos de la industria, algún productor. No creo que estuviera con actores. La cuestión es que se le acercaron, como suele pasar en Los Ángeles, dos pibes muy jóvenes. “Señor Huston, conseguimos dos millones de dólares para hacer una película” le dijeron. Houston soltó los cubiertos, los felicitó y se limpió con una servilleta blanca. “¿Y de qué se trata la película?” preguntó. Ellos respondieron: “Es un sueño dentro de un sueño, ¿qué le parece?” Huston hizo una pausa y con una mueca dijo: “Me parece que acaban de perder dos millones de dólares.” Aprendí más sobre el arte de narrar con esta anécdota que en cinco años dedicados con esfuerzos a la Facultad de Filosofía y Letras.
Miércoles 31. Se termina el 2025. Bien. “Hay que confiar en lo hecho” me dice Godoy. La frase me atraviesa como una flecha a un pájaro en el aire. Borges usó su ceguera para no leer más. Quizás no estaba ciego y fingía su ceguera. O incluso la dramatizaba. Es la ventaja de decir: “Ya leí.” O mejor: “Hasta acá.” Y evitar así la exploración, siempre pesada del presente y sus autores. La música es performática y hay que volver a tocarla, volver a componerla, hacerla presente. Por eso lo que suena siempre es parecido o igual a lo que sonó y al mismo tiempo es nuevo. Con la novela, y la literatura en general, es al contrario. El lector prefiere lo antiguo. “Ya está escrito” dice. No hay necesidad de volver a escribir nada. Y todo lo que se reescribe, se suele pensar, es para peor. La novela debería reclamar para sí la actualidad, aunque se la acuse de periodismo. Aunque no hay forma de que la novela deje de comentar su tiempo. Una novela escrita hoy, habla de hoy, aunque sus personajes vivan en el siglo XVII. Con la geografía pasa lo mismo. Se escribe aunque, y esa escritura opina sobre nuestro escenario, aunque la trama ocurra en otra parte. Abusar de estas ideas puede interferir con una lectura acertada y proba. Pero descuidar esa verdad también. La novela, tanto o más que la lengua, nos ata a nuestro lugar. Napolitano: “En música, como en las demás artes, está todo inventado, con la única diferencia de que, cuando la estás tocando bien, aunque haya sido escrita hace doscientos años, es siempre nueva.”


