Martes. Ayer lunes puse en Twitter y en Facebook la frase: “El feminismo me parece una mierda” y “El feminismo es una mierda.” Varios amigos me pidieron que no me exponga. Ya no me piden que no sea gratuito, arbitrario, infantil, “provocador”, sino que directamente intentaron cuidarme. ¿De qué? Existe un miedo al feminismo. Hoy no se puede ni empezar a contradecir al feminismo. El feminismo es su propio tabú. Se volvió represivo. El 31° Encuentro Nacional de Mujeres que se hizo el fin de semana en Rosario dejó a su paso muchas pintadas en lugares públicos y privados como: “lesbianizate”, “el aborto te hará feliz”, “Muerte al macho”, “Mata a tu novio”, “Comer carne es heterosexual”, “Yuta asesina”, “basta de parir”. El recorte puede ser tendencioso, desde luego. ¿Había frases menos irresponsables, menos alucinadas? Como fuere, las pintadas están ahí y ahí van a quedar hasta que sean removidas. Me dicen, sobre esas frases, que no se puede generalizar. Me dicen que esas frases deben ser leídas, que deben ser interpretadas. Me dicen que lea ahí que “muerte al macho” no significa matar a un hombre sino matar simbólicamente al machismo. También me dicen que son pensamientos aislados, no representativos. Si me piden que lea e interprete, yo leo e interpreto. Y digo que hoy no existe un feminismo lúcido o inteligente. Eso se acabó.

Entiendo que algunas mujeres, que se dicen sin más feministas, confían en que en alguna parte -quizás una universidad, o un gabinete de estudios o un instituto de investigación- hay otras mujeres pensando teorías refinadas y escribiendo libros bien argumentados sobre el feminismo en la actualidad. Pero eso no parece existir. Por lo general, las “feministas serias” hacen planteos de clase que colorean con cuestiones de género, o son historiadoras, o se dedican a la filosofía, o directamente no son feministas y están muy alejadas de los encuentros como los de Rosario. ¿Qué es el feminismo hoy? Mi respuesta es histeria y narcisismo contra todo el que se oponga y con una gran carga de violencia desatada. Algo para nada menor del feminismo de hoy: su capacidad de transformar el presente es nula. De ahí su radicalización. Las redes sociales generan también una retroalimentación monstruosa. Pero quizás el problema más grave del feminismo en esta época sea su falta total de organicidad. Hay mujeres sueltas que dicen que “el colectivo” debería impedir que las “feministas radicalizadas” pinten y vandalicen las ciudades donde sucede el encuentro. Pero esto no se hace. ¿Porque no se puede? ¿Porque no se quiere? Me parece que no es posible y aparte porque esa visibilidad es deseada. Mientras tanto las mujeres en la Argentina son feministas sin condicionamientos, sin deberes, por el solo hecho de reclamar derechos que muchas veces ya poseen, por el solo hecho de compartir una vaga idea de identidad bienpensante que no demanda ni esfuerzos ni sacrificios ni, desde luego, mayor discusión.

Miércoles. En un atado de Marlboro alguien puso una frase atribuida a Heidegger. Se lee “Death is the most certain possibility” en el lugar donde, hoy en día, se avisa a fumador que se va a morir de cáncer con fotos truculentas. En un futuro próximo, entiendo, goza y morir van a estar prohibidos por la corrección política. El mundo va a ser un lugar responsable y aburrido donde nadie va a morir ni a gozar y la gente se va a limitar a caminar como sonámbulos, como zombies blancos, sin amor, sin sexo, sin libido.

Jueves. Qué bello y acertado es el título de Barthes Cómo vivir juntos. Las respuestas posibles son muchas y nos condicionan siempre.

Jueves, más tarde. Compré una pequeña edición de Nuestra frontera con el Beagle de Carlos Keller, editado por la Universidad de Chile en 1959. Empieza con la disputa con la Argentina por un faro en el islote La Becasina pero después sigue con una serie de apreciaciones geográficas bastante aburridas. Sin embargo es una lectura interesante porque Keller es un personaje interesante.

Viernes. Fui a comprar historietas con mi hija a Primera Junta. Entramos en una librería de viejo y elegimos unas diez. Compramos sobre todo superhéroes, nuevas ediciones de antiguos Superman, Batmans de la década del 90, y algunas más nuevas. El nivel de violencia plástica hace que casi no pueda seguir los diálogos. Después también pasamos por Bagatela, el local de la calle Rojas, cerca de la Estación. Es un lugar de porquerías y recuerdos pero al fondo tiene unos nerds que venden comics y muñecos poco. En un estante tenían una máscara del Guasón de Jared Leto. Nos pareció bastante real.