Lunes. Leo las pruebas del libro de Carlos Mackevicius. Es excelente. Las leo de mañana en un bar de Colegiales, casi solo en el salón, con la felicidad que da la lectura que entusiasma. El libro se llama Krmpotic, y es una pieza que de una forma muy directa hilvana las armas y las letras. No hay libros así hoy, breves, contundentes, experimentales. La industria editorial, en sus zonas centrales, publica con ese efecto de guitarra, el compresor, que unifica todo. Los géneros importan más que el texto. Se da una taxonomización que no es critica, ni siquiera es del mercado, sino que fluye en la cabeza algo alunada de los editores. Finalmente eso que llamamos consciencia mantiene con el conocimiento y la política una relación bastante más compleja y contradictoria de lo que estamos dispuestos a aceptar.

Martes. Leo Jellyfish, diario de un aborto de Carlos Godoy.

Miércoles, 1 de mayo. “Frente a la exuberancia del novelista, creador de mundos y universos, el crítico, un mero lectora entrenado, aparece como el parásito infértil, un vampiro menor. Pero cuando escribe sus lecturas y trabaja la lengua esa acusación cae. ¿Quién vive del trabajo de quién? ¿Quién necesita indefectiblemente al otro? Esta dialéctica de la lectura y la necesidad, esta simbiosis, cruza y condiciona todo arte. Y ya podemos decir que ambos escritores, el novelista y su crítico, son amigos del desierto, habitantes inútiles del esfuerzo cotidiano con la lengua, guardianes vanos de un cofre vacío. Sus cartas nos llegan siempre a destiempo, también nosotros, espectadores, tenemos que interpretar sus voces grabadas en una vieja cinta analógica. ¡Qué pereza! Y sin embargo, seguimos intentando. Hoy, en el día del trabajador, pongamos un voto de fe para que, en lo que resta del siglo XXI, nunca más un gobierno argentino vaya con los usureros internacionales del FMI, los verdaderos inútiles, definitivos agentes de la esterilidad. Salud.”

Miércoles, más tarde. Un titular de CNN en español: “Encuentran abejas diminutas en el ojo de una mujer; se alimentaban de sus lágrimas.”

Jueves. Cuando una escritura es rítmica y magnética no importa el soporte del cual se la lea. En eso se parece a la música. Esto es una obviedad pero me veo en la necesidad de volver a escribirlo una vez más. Para escribir libros más o menos interesantes en un momento hay que empezar a leer libros malos o aburridos. Desde ya, sin abusar.

Viernes. El poder de condensación, como trata de explicar Ezra, es una de las mejores herramientas de la escritura. Más que herramienta es una especie de horizonte de deseo. Una cita de sus citas: “La causa principal de la falsa literatura es de naturaleza económica. Muchos escritores necesitan o quieren dinero. Estos escritores podrían curarse con una aplicación de billetes de banco. La segunda causa es el deseo humano de hablar de lo que no se conoce, o hacer pasar una vaciedad por una plenitud Están descontentos de lo que tienen que decir y quieren que una onza de compresión llene un galón de verbalismos.”

Viernes, más tarde. Un problema cotidiano, ¿qué pasa con el votante al que se le ofrece la consciencia y la rechaza? No es una pregunta retórica. Ahí hay algo. Se puede empezar a desenredar el problema diciendo que nadie ofrece una consciencia como se ofrece un disco rígido o un antivirus. La consciencia siempre es un desafío, una aventura, un compromiso, un patrón.