Mundo Cine

La semana pasada hice un primer balance, sin incluir cine argentino, de las películas estrenadas comercialmente en 2016 en este país. Una oferta de la que muchos se quejan porque no es todo lo variada que sueñan pero que en realidad es más variada que en cualquier otro país de sudamérica, y de centroamérica. Sí, podría ser más variada, como en Francia, pero el francés es un sistema de distribución y exhibición con una sofisticación y una tradición y un trabajo de educación del espectador por ahora lejanos a nosotros.

Diciembre otra vez, y empiezan los balances. Incluso algunos medios los empiezan... ¡a fines de noviembre! Pero ahora a mediados de diciembre, y cuando quedan solamente dos jueves para estrenos de cine, podemos decir que ya tenemos un panorama más claro del año. En estos dos jueves que quedan apenas se anuncian dos estrenos, uno para cada uno. Uno de ellos ya lo vi, y estará entre lo mejor de 2016 según mi balance, que empieza ahora, y dará varias vueltas.

Cuando se estrenaron las Batman de Tim Burton a nadie parecía importarle demasiado -bueno, seguro que sí a los productores- que el encapuchado interpretado por Michael Keaton fuera un personaje de DC; nadie mencionaba eso, o yo no me acuerdo. Hoy en día, ante cada película de superhéroes, se suceden las conversaciones de que si el universo Marvel esto, que si DC no puede con lo otro, que a ver cuando agregan a tal personaje, que el crossover de aquello podría ser mejor o peor. Confieso que aprendí a leer antes de ir al colegio primario, y que lo hice con historietas: la trinidad Andanzas de Patoruzú, Correrías de Patoruzito y Locuras de Isidoro. Pero no leía, con cuatro o cinco años, cómics de Batman o Superman o Capitán América. Más grande, como a los seis o siete, tampoco, más bien me gustaba Condorito, y cosas que salían en Anteojito o Billiken. Y después Mafalda, e Inodoro Pereyra, y Snoopy (Peanuts). Y otras cosas después, pero nunca me tentaron los superhéroes en papel. Me gustan Maus, Ghost World, Calvin & Hobbes, Manara, pero no superhéroes. Nunca pude. Sin embargo, veo casi todas las películas de superhéroes que abundan e inundan desde hace tiempo.

Abandoné La fiesta de las salchichas. Lo confieso. Después de veinte minutos de padecimiento no pude seguir más con los chistes de “uh, hablamos de sexo, jijiji, porque las salchichas son penes y los panes son vaginas”. No sé si es buena, mala, o regular. Sé de mi agotamiento, de cuando una película hecha de chistes no funciona conmigo ni una sola vez. Pero es de dos estrenos de esta semana, mucho mejores, o que me interpelan mucho más, de los que quería hablar. Los dos son sobre familia, y -a sus muy distintos modos- ambos son sobre economía, entre otras cosas.

Me había perdido Cigüeñas. Y al ver Trolls, de la que escribí acá, tuve la necesidad de verla con premura. Así que al otro día vi la primera película animada escrita y dirigida por Nicholas Stoller, que está haciendo una carrera muy importante centrada en la comedia (Forgetting Sarah Marshall, Get Him to the Greek, The Five-Year Engagement, Buenos vecinos). El codirector es Doug Sweetland, el del corto Presto de hace unos cuantos años y con destacada trayectoria como animador para Pixar.

Por motivos que por ahora no vienen al caso -en unos meses les cuento- volví a ver, luego de 15 años, Election, la película de 1999 que aquí salió en 2000 directamente en VHS como La elección. Era otro mundo. Película consagratoria para Alexander Payne y también para Reese Witherspoon, su no aparición en cines argentinos fue una falla que en esos momentos, para repararla, tomó más tiempo del que llevaría hoy. No vimos en cines una comedia fundamental, de una malignidad soberana. Se trataba, a la vez, de una película que no era total y claramente cínica contra los personajes. Todos parecían tener sus razones, incluso cuando provenían de la mezquindad o de limitaciones intelectuales. Pero hay cuestiones más llamativas en esta excursión a una película de otro siglo.

Una película sobre un accidente en una plataforma petrolera. Caso real. 2010. Golfo de México. El mayor derrame de petróleo en la historia de Estados Unidos. Y de entrada sabemos que el protagonista no murió en el accidente porque lo escuchamos testificando en el juicio posterior. Además, hay detalles técnicos y vocabulario específico que podrían haber arruinado la película. Con estos y otros riesgos al costado del camino, Horizonte profundo sale triunfante. ¿Por qué? Veamos algunos motivos.

Esta semana murió Curtis Hanson, un director de una carrera singularmente irregular, que brilló y mucho en una de sus etapas. Sobre Hanson escribí acá. Después de entregar la nota me puse a contar contar las películas y vi que Hanson dirigió solamente catorce en cuarenta años (1972-2012) de carrera como realizador.

(Atención: en este texto quizás haya de eso que llaman spoilers) Miedo profundo. Vaya título para una película que se llama The Shallows. Un título original que refiere justamente a lugares poco profundos, más bien superficiales, y que del miedo no dice nada. Qué vamos a hacer. Adaptaciones de títulos. Una degradación, digamos, filosófica. Hagamos el título más obvio. Ya lo dijo Horacio Quiroga hace 100 años: “sal gruesa” para los títulos locales. Títulos superficiales, shallow titles. Miedo profundo, una película del director catalán Jaume Collet-Serra, con algunos buenos antecedentes (La casa de cera, La huérfana, Una noche para sobrevivir).

Luego de la burocrática Buscando a Dory y la apenas eficiente La vida secreta de tus mascotas -Pixar debería recuperar su arte, la marca ya está clara; Illumination nunca tuvo la gloria de Pixar-, Mi amigo el dragón aparecía, temible, como un caso más de mucho despliegue publicitario y poco cine. Pero algunas recomendaciones efusivas de gente que valora el cine y no sólo los eventos, los acontecimientos inflados, me hicieron ir. Y Mi amigo el dragón es la recuperación del cine para niños -bah, apto y recomendable para todos- en formato grande, la película que debería contagiar al resto, la que debería señalar el camino. No lo va a hacer, pero mientras la vemos creemos, esperanzados, que todo va a mejorar, también las películas (y hasta el comportamiento del público en el cine, pero ese es otro tema).