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Para esta ocasión pensaba en desarrollar argumentos acerca de mi lista de 10 mejores estrenos del año, que salió en La Nación hace unos días. Fueron estas, en este orden: Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge) (Mel Gibson) / Elle – Abuso y seducción (Paul Verhoeven) / Dulces sueños (Marco Bellocchio) / Baby: el aprendiz del crimen (Baby Driver) (Edgar Wright) / Sieranevada (Cristi Puiu) / El otro lado de la esperanza (Aki Kaurismäki) / Aquarius (Kleber Mendonça Filho) / Anina (Alfredo Soderguit) / El amor se hace (Paco León) Kimi no Na wa (Makoto Shinkai). Pero no, ya escribí sobre todas ellas, o sobre casi todas, y encontré algo que tenía escrito sobre Jim Carrey, que ha sido objeto de atención últimamente, incluso aquí mismo. Y ante la ausencia de comedias y cómicos cada vez más acuciante, quizás sea mejor dejar este texto como balance, o como homenaje al pasado, o como deseo para que en el futuro haya más cómicos, o como quieran considerarlo.

En un capítulo de la temporada 11 de Los Simpson, Homero, Bart y Lisa recorren una exhibición “de memorabilia de cine” en un restaurante: la taza de Heartbeeps, el bastón -Lisa se da cuenta de que no tiene sentido- de Citizen Kane, y el guión de The Cable Guy. Homero agarra el guión de la vitrina y lo destroza mientras dice: “¡Estúpido guión, casi arruinas la carrera de Jim Carrey, ahora te voy a matar, idiota!”. The Cable Guy (“El tipo del cable”) se conoció en la Argentina como El insoportable, se estrenó en octubre de 1996 y fue un fracaso muy veloz: duró una sola semana en las salas de estreno, para pasar rápidamente a salas de segunda línea (la lógica de la exhibición hace 20 años era distinta a la actual). En Estados Unidos la película tuvo su premiere en Hollywood el 10 de junio de ese mismo año, por lo que van más de veinte años desde los veinte. ¿De qué veinte? De los veinte millones de dólares que cobró Carrey por actuar en el film. Fue el primer actor en la historia del cine en llegar a esa cifra. Otro hombre récord de Hollywood nacido en Ontario, Canadá, como James Cameron.

Lo paradójico -o no tanto, porque es desde la cima que se empieza a bajar- es que Carrey pasaría a cobrar esa cantidad de dinero con una película que sería considerada un fracaso. En primer lugar, una aclaración: tal como sucedió con Waterworld, el fracaso no fue tal, o al menos no tanto. Según qué parámetros se tomen en consideración, Waterworld finalmente no perdió dinero, y El insoportable terminó generando ganancias. ¿Por qué fue percibida como un fracaso entonces? ¿Por qué Homero tenía tanta saña frente al guión?

Por un lado, porque las expectativas frente a cada nueva película con Jim Carrey a mediados de la década del noventa eran altísimas. En los ochenta, Carrey había participado de algunas películas de alto perfil como Yo amo a un vampiro, Hay un marciano en mi vida de Julien Temple y Peggy Sue, su pasado la espera de Francis Ford Coppola, pero no se había convertido en estrella. Es decir, en ningún caso la gente se refería a ellas como “una de Carrey”. La carrera de Carrey como súper estrella detonó en 1994, con Ace ventura, La máscara y Tonto y retonto. Tres películas que nos muestran estos números: Ace Ventura costó 15 millones de dólares y recaudó 107. La máscara costó 23 millones y recaudó 351. Y Tonto y retonto costó 17 y recaudó 247. En ese tipo de generador de hits se había convertido Carrey en solamente una temporada. Un ascenso impresionante. 1994: año Carrey. Ace Ventura se estrenó en febrero, La máscara en julio y Tonto y retonto en diciembre. Carrey era la gallina de los huevos de oro, y en 1995 hizo Ace Ventura, un loco en África -la palabra loco y los títulos locales, caso de psicología social- y Batman eternamente, otros dos hits en términos de recaudación; en otros términos, probablemente ésta Batman sea uno de los compilados más exactos de los peores defectos del blockbuster noventoso. Y en 1996 llegó El insoportable, que recaudó más o menos el doble de lo que costó. Con lo cual no deberíamos estar hablando de fracaso. Pero esa fue la percepción, aunque hubo críticos como J. Hoberman o Gene Siskel que la incluyeron entre lo mejor de la temporada. Pero la clave del golpe a la carrera de Carrey es otra: El insoportable era una película que cambiaba el eje del cómico. O, más precisamente, hacía notar algo que estaba pero no era tan visible, tan evidente. El humor de rostro hiper flexible y exageración bestial de Carrey siempre estuvo al borde de la oscuridad (como pasa con la mayoría de los grandes cómicos, siempre lejos de ser pura luz y bondad). Esa oscuridad quizás se haya planteado en Batman eternamente con el Acertijo, pero eso era Carrey haciendo de villano de cómic, estaba presente esa distancia. En El insoportable estamos ante otro tipo de personaje: Carrey es un instalador de cable, ese trabajador fundamental en la sociedad de los noventa, que era un sociópata y se metía en la vida de Steven (Matthew Broderick), y se metía en modo topadora, con una intensidad que daba miedo. El personaje de Carrey buscaba amistad, y representaba un vacío emocional enorme y muy perturbador. Carrey brindaba algunos de sus más grandes momentos como actor -y también cantante, como probaría varias veces en su carrera- en la interpretación lisérgica de “Somebody to Love” de Jefferson Airplane. La película era realmente angustiante, una de las comedias más angustiantes, más negras y más certeras de la década del noventa, bastante incomprendida y odiada por mucho público; de ahí la reacción de Homero. Una película, además, dirigida por Ben Stiller -la segunda como director y la única de su carrera como realizador que no protagonizó- y una de las primeras producidas y además co guionada -aunque no recibió crédito en ese momento- por Judd Apatow. Luego de The Cable Guy, Carrey seguiría con algunos vehículos-Carrey (Mentiroso, mentiroso, El Grinch, Todopoderoso) y algunas películas memorables (entre otras The Truman Show, Irene, yo y mi otro yo, Man on the Moon y para alguna gente también Eterno resplandor de una mente sin recuerdos). La carrera de Carrey no se acabó con The Cable Guy, pero algo pasó, algo se quebró, quizás era el anuncio de las épocas por venir: Carrey fue uno de los últimos cómicos en entrar al club de los 20 millones de dólares -que él mismo inauguró- a base de comedias.

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