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A un mes de que proliferen las notas sobre el aniversario número 120 del nacimiento de Alfred Hitchcock, voy a vaticinar algunas cosas. El 13 de agosto de 2019 se va a decir que “hoy Hitchcock cumpliría 120 años” y también se va a usar esa infausta expresión de “un día como hoy” pero de tal año… Un día como hoy, sí, de esos de 24 horas. Y alguien va a decir “cumple” en lugar de cumpleaños. Y voy a vaticinar aún más: la obra de Alfred Hitchcock será revisada y condenada y vilipendiada por la policía ideológica del cine, que progresivamente va borrando de la faz de la tierra a lo que supo conocerse como crítica de cine.

El cine de Alfred Hitchcock será acusado de incluir asesinatos, especialmente de personajes femeninos; de ser un cine que apeló al voyeurismo, al morbo, a diversos deseos no exentos de maldad. Los pájaros, claro, será atacada por sociedades defensoras de animales. Frenesí sufrirá intentos de censura por parte de tribus de slow living. Psicosis será acusada de estar en contra de las secretarias, de atentar contra los fabricantes de duchas y de cortinas de baño, e incluso de no representar las bondades de las madres del universo. Y su blanco y negro será acusado de reprimir e invisibilizar a los colores. Y habrá más acusaciones, incluso de esas que juzgan a las películas de hace décadas por no ver el mundo tal como la policía del cine ha decidido que tiene que ser visto hoy en día. Incluso se objetará que la plata que roba Marion Crane es, hoy, demasiado poca para meterse en tantos problemas. Porque si no se ponen en perspectiva los cambios, menos que menos se intentará comprender qué significa un “ajuste por inflación”. El cine de Hitchcock será insultado, comparado con la vida -de ayer, pero sobre todo la de hoy- y reducido al “mensaje”. Y te dirán ¡feliz cumpleaños, Alfred!, ahora por favor reviví y vení a recomponer ideológicamente tus películas, porque no hay nadie que sepa hacerlo. Pero cuando resucites y cambien tus películas y les saques los asesinatos, tus películas van a quedar muy malas, lavadas, tontas, buenazas, maniatadas y aburridísimas. Pero no porque seas necesariamente un zombie -quizás seas un resucitado lúcido- sino porque no se puede hacer -o deshacer- cine así. Bah, sí, se puede, pero al costo del mismo cine, de su capacidad de divertirnos, de ponernos incómodos, de hacernos pensar incluso por fuera de nuestras anteojeras.

¿Creen que exagero? Ojalá esté exagerando. Pero esta noticia (link aquí) me hace pensar que estamos cerca de que se hagan películas sobre batallas de la Segunda Guerra Mundial sin poder poner muertes en escena. Y esta nota actual -link aquí, en inglés- sobre Forrest Gump me inclina a tener pesadillas con la progresiva conversión de la crítica de cine en un sistema de revisión de películas pertrechado de un kit de obtusas herramientas de mediciones ideológicas, o de meras tarjetas arbitrales.

La abrumadora recepción positiva de Toy Story 4 fue uno de los motivos por los cuales escribí esta crítica (link aquí). Pero otros motivos fueron las canalladas acomodaticias de la película, sus formas groseras y rastreras de encajar con las policías ideológicas del momento, y por ese y otros motivos arruinar así una saga que era gloriosa, noble, pensada como cine. La debacle de Toy Story 4 y su beatífica eliminación de personajes malvados quizás nos prevenga sobre la debacle del cine de Hitchcock cuando sea reformado y se arrepienta de sus pecados en la Siberia de la revisión de las películas. ¿Creen que exagero? Yo creo que no. Eso sí, seguramente puedan decirme que estamos en el camino correcto: y quizás sea cierto, estamos más preocupados por la corrección y por representar con supuesta ecuanimidad cada foco de conflicto -y/o de justa reivindicación- que por pensar en el cine. Es bastante tragicómico que aún con tantos esfuerzos por convertir al cine en una instancia procesadora de reclamos, estos siempre seguirán apareciendo porque se multiplicarán desde algún otro ángulo. Si el cine se entiende como un modo de impartir justicia representativa para cada ser humano del planeta, lo más cercano a ese anhelo sería la inexistencia del cine, su muerte. ¿No lo creen? Lean: link aquí. Que tengas un re feliz cumple, Alfred, y mejor quedate muerto.

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