Opina Deporte

En este cambalache de ideas que pretenden imponer  los medios hegemónicos en el mundo, hay espacio también para el deporte y el periodismo deportivo.

Favio Orsi, técnico de San Martín de Tucumán tiene Coronavirus. La semana pasada, después de la confirmación de la mala noticia, puso un mensaje en su cuenta de Twitter: “Seamos concientes, no quemen barbijos. Mi hermano, mi vieja y yo estamos aislados, y con un dolor inmenso de tener a mi viejo con respirador en terapia intensiva con el peor de los pronósticos. No hay adjetivo calificativo que pueda describir tanta maldad !!!! Dan asco!!!!".

Ya está. Se terminó. Y al final de cuentas, ninguno de los millones de periodistas que por todo el mundo se pasaron quince días hablando de Messi y su salida del Barcelona, acertó.

¿Será tan difícil contar la verdad? Si el objetivo de tanto homenaje a los cien años de la radiofonía argentina era lavarles la cara- y el pasado- a unos cuantos horribles personajes y dueños de medios que afearon la comunicación y el periodismo, pues han cumplido.

Vivir en un país donde cualquiera puede decir lo que se le canta es uno de nuestros orgullos democráticos.

De las pestes periodísticas que surcan los mares en estos últimos meses, la del “vale todo” es una de las más enfermizas.

Ahora que vuelven los entrenamientos, es decir ahora que tendremos un cambalache de palabras y latiguillos que están a punto de cumplir cien años (¿vieron que la mayoría de los cronistas deportivos de las radios no saben dar comienzo a sus  informaciones si no es con la frase “hay que decir que…”?), es cuando se impone alejarse del aburrimiento diario de tanta data hueca y esmerarse por encontrar la sencillez en el periodismo.

Vengan de donde vengan los gestos por la democratización del deporte son bienvenidos. Es que si hay dos ámbitos donde la democracia y el respeto por los Derechos Humanos encuentran reiterados obstáculos son el periodismo y el deporte. Y ante una luz mínima que espante a los conservadores dueños del poder, uno se alegra.

Los enemigos de Marcelo Bielsa contaminaron aún más los aires argentinos en estos tiempos de coronavirus. Cual si fuesen los trasnochados zombies que circulan por las avenidas reclamando el cese de la cuarentena sin importarle que más gente muera en el país, ahora resulta que un grupo de periodistas deportivos se cuelga del mástil donde flamea una bandera que han colgado con envidia: “Bielsa es puro marketing”.

Un avión privado esperaba al presidente ejecutivo de la Fundación FIFA sobre la pista del aeropuerto de San Fernando para llevarlo a Paraguay en plena cuarentena. Fue una noticia breve de la semana que pasó.