Opina Deporte

“Bienvenidos a los visitantes de la Copa América a nuestros estadios, calles y, espero que no, UCI”. (Unidad de cuidados intensivos). Así empieza su irónica columna sobre la Copa América en Brasil Ruy Castro, el columnista de Folha da Sao Paulo.

Hay patrullas perdidas, infancias perdidas, vidas perdidas. Y abunda en estos tiempos la prensa perdida. Aquella que critica sin fundamentos, arma operaciones de prensa y persigue un solo objetivo: disimular su mala fe para esconder las verdades. En general se aglutina tras los intereses de los grupos empresarios y poderosos (periodísticos y comerciales) que manejan al mundo deportivo, que no son otros que aquellos que intentaron e intentan manejar los países.

Estos tiempos del periodismo en general podrían ser considerados como la apoteosis de la ignorancia. Sabido es que nuestra gran característica nacional, tanto en la prensa escrita, como en la redes, y ni que hablar de la radio y la televisión, es el “hablar por hablar”. Sin datos, y con el limitado vocabulario de las frases remanidas, centenares de periodistas machacan en la pandemia con la misma historia de ayer, anteayer, la semana pasada. 

Tres hechos de la semana que pasó pueden servir para mejorar el deporte y el periodismo en los próximos años. Dependerá si: a) se convierten en anécdotas de aquellas que sirven para la jactancia histórica de los comentaristas, b) se transforman en ejemplos de aquello que no hay que hacer y c) las atraviesa la indiferencia de un mundo que se debate entre el consumo y la digna vida.

Día tras día la deprimente monotonía de la prensa deportiva argentina obliga al recurso conocido de buscar en las páginas extranjeras un poco de consuelo. Juan Irigoyen es un periodista de El País de España que dedica cierta parte de su tiempo al deporte femenino como aquí no sucede. Él ha publicado hace unos días un artículo sobre las múltiples agresiones que los futbolistas reciben en las redes sociales y cómo se generaron espacios de resistencia y de protesta en manos de ídolos europeos.

A treinta años de la Declaración de Windhoek (por ella las Naciones Unidas consagran el 3 de mayo como el Día Mundial de la Libertad de Prensa), aún quedan periodistas que rebuznan un concepto elitista: la libertad de prensa es para los medios de comunicación y para quienes llevan el mote de periodistas.

El fallido (grave) del periodismo deportivo argentino que anunció el lunes 26 de abril de 2021 a las 14.30 la muerte de Carlos Timoteo Griguol, y luego debió publicar que no era cierto, no es otra cosa que uno de los disparates más habituales de esta querida profesión.

Al amparo de las más odiosas consignas individualistas, el credo del “yo me salvo…” se repite – salvo excepciones- en las aristocráticas oficinas y viviendas de los que más tienen. O en los recién enriquecidos.

Golpeado por las últimas noticias de la pandemia y la muerte, el periodismo argentino, con la prensa deportiva a la cabeza, mantiene sus posiciones divididas.

El caso Riquelme y su miniaparición en la cuenta Boca Predio, luego desparramada en el canal oficial boquense por YouTube, despertó una mediana ira en algunos comunicadores irritados por la falta de apertura del ahora dirigente para responder preguntas. (Olé el pasado lunes publicó las supuestas cincuenta preguntas que los hinchas querían que el ídolo contestase)