Opina Deporte

La reputación de los jugadores de nuestra Selección – menos uno- y la del entrenador anda por los suelos.

El periodismo presentó la muerte de René Houseman de todas las maneras posibles, menos una.

Un presidente llega al vestuario de su equipo después de una derrota muy seria de los suyos; increpa a los jugadores, procede como un barrabrava, exige determinados comportamientos en la cancha y resultados. Amenaza con despidos.

Dice el artículo 14 bis de la Constitución Nacional: “El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador:…igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección…”

“La miseria de TyC, la censura de Clarín”, así ha titulado la revista Cítrica, el único medio de comunicación que denunció el despótico e ilegal accionar de los monopolios, que la semana pasada solicitaron la baja de las transmisiones en streaming de varios partidos del ascenso.

¿Tiene razón Marcelo Tinelli cuando señala que el fútbol argentino es manejado por Boca?

Cerró la histórica revista El Gráfico es una manera “elegante” que ciertos medios eligieron para contar la realidad. Lo cierto es que 23 periodistas deportivos quedaron en la calle por decisión de la empresa Torneos S.A. (la misma de la megacorrupción del FIFAgate), es decir de los socios, amigos y abrazadores seriales del detenido Alejandro Burzaco.

En el patrimonio de unos cuantos periodistas y locutores se encuentra el machismo, el mal hablar, la falta de lectura y, por supuesto, el afán por el plagio descarado.

Cerca de 43 millones de dólares. Esta es la plata que cuatro equipos de los que llaman “grandes” se gastaron en este verano en transferencias de jugadores. Un despropósito para el momento que sufre la Argentina y que el fútbol argentino atraviesa con dolor. Pero como ha sucedido siempre, los dirigentes hacen lo que apetecen con la plata ajena: la plata de los socios. Y los socios – o una buena parte de ellos- seducidos por los manjares de un título, una clasificación, una Copa internacional, un clásico ganado, un triunfo de sábado o domingo, finalmente aprueban el desatino.

Pocos periodistas deportivos se arriesgan a remover el pasado. Una mayoría cree que sólo las efemérides o los repasos verticales – con recitado incluido de tal o cual formación- de un equipo, de un  gol determinado en cierta Copa de Verano  o una anécdota jugosa del siglo XX, alcanza para llamarse “buen conocedor del deporte”.