Opina Deporte

“Me dijeron que en 20 minutos llueve”, dijo Marcelo Benedetto a los cinco minutos del segundo tiempo en la Bombonera, luego de que Mariano Closs le sugirió que la tormenta era inminente.

¡Qué oportunidad se nos abrió! Gracias a un superclásico, y por tres semanas, los argentinos y las argentinas tendremos la enorme oportunidad de ver si podemos mejorar, aunque sea un tantito así.

Matías Diarte. Así se llamaba. Murió la semana pasada, víctima del ataque de la barra brava de Boca antes del partido en Formosa, ante San Martín de Tucumán, por la Copa Argentina.

Insaciables, y al mismo tiempo brumosos e incomprensibles, una mayoría de periodistas deportivos analizan a la Selección cual si fuésemos una potencia o semipotencia en el mundo del fútbol. O, lo que es peor, sin la humildad que se precisa en estos momentos.

Si somos un país excesivamente futbolero, lo es por obra y gracias del periodismo deportivo. O mejor dicho, de su decadencia en las últimas décadas.

La descomunal tarea de las/los integrantes de Fuerza Bruta en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de la Juventud, tan bella como aquella épica muestra del Bicentenario allá por los dignos días de 2010, confirmaron que hay una creatividad y polenta en los espectáculos argentinos que nos quitan un rato la amargura del día a día.

Si en estos días usted ha consumido minutos de su vida con las más variadas informaciones deportivas, se habrá enterado de la visita demoledora de los All Blacks, las cantinelas habituales de quienes ante dos derrotas de un equipo (Boca) insinúan que deben irse los Mellizos, o en el seguimiento desesperado del equipo del exterior que más centímetros consume en la Argentina (si pensaba que era Barcelona, se equivocó, se trata del Dorados mexicano).

Los superclásicos en general dejan siempre el mismo sabor periodístico: que los periodistas deportivos – y los otros también- se ponen cada vez más insoportables.

Una periodista deportiva y una deportista marcaron dos aleccionamientos para la desprestigiada prensa del deporte que permanece ajena a una de las más importantes luchas de los últimos años: la del movimiento de mujeres.

 

Alguien debe hacer algo para que estos homicidios legalizados se detengan en la Argentina. Si no podemos esperar nada desde la secretaría de Deportes de la Nación ni de la Ciudad de Buenos Aires,  pues quiénes otros si no para poner el grito en el cielo que los periodistas deportivos.