Opina Deporte

Mientras los canales deportivos anuncian la tierra prometida de una nueva programación (TyC Sports llegó a hablar en sus publicidades de una “nueva era” a partir del 31 de enero) y el público confirma ante las pantallas que nada de eso han logrado y que la degradación del periodismo continúa, la diferencia en la prensa deportiva 2022 la siguen marcando los periodistas que rompen los añejos moldes de gritar-cubrir un entrenamiento-gritar- ir al mercado de pases-gritar- hablar de lesionados-gritar-pedir cambios en un equipo.

Si el proyecto de ley que anuncia el senador Oscar Parrilli se convirtiera en realidad, la sociedad argentina habrá recuperado un poco de justicia deportiva y el periodismo deportivo tendrá un espacio más de libertad.

(A continuación se publica un texto seleccionado de años anteriores del archivo personal de Pablo Llonto, quien se encuentra de vacaciones - Columna publicada en Revista Un Caño) El deporte – y nos atrevemos a decir que el mundo también – mejoraría mucho si todos fuesen como Martín Sharples.

(A continuación se publica un texto seleccionado de años anteriores del archivo personal de Pablo Llonto, quien se encuentra de vacaciones - Columna publicada en Revista Un Caño) Devolver la Copa del ‘78 sería un gesto para demostrar que no somos insensibles ante la evidencia de una historia horrible que nos involucra. Preferimos la fantasmagórica FIFA a las manos de un genocida. Descolgar un cuadro, o devolver la Copa para que luego nos la entreguen otros, son actos mínimos de reparación.

Dos reportajes muy recientes mostraron dos pensamientos, y dos cerebros, muy distintos. El de un futbolista y el de un periodista deportivo.

Dos frases remanidas e impotentes aún recorren los ambientes del deporte. “Yo hago periodismo deportivo, no me meto en política” y “yo de política no entiendo nada, juego al fútbol”.

No abundan en nuestro gremio, por ello hay que destacarlos. Ya saben ustedes que una parte de quienes ejercen la prensa deportiva en todo el país o se creen entrenadores, o se creen futbolistas, o se la dan de atletas. O de sabihondos, que es peor que todo lo demás junto.

Las recientes muestras de desprecio hacia un par de periodistas, por parte de los organizadores del premio Balón de Oro en Francia y por parte de un sector de hinchas de Boca en el otro, no hicieron otra cosa que exponer el novedoso derecho de los pueblos a expresarse en contra (o a favor) del llamado “cuarto poder”. Es decir, contra nosotros. Es decir, las y los periodistas.

El crimen del juvenil Lucas González de Barracas, cometido por un grupo de policías de la Ciudad de Buenos Aires, no sólo desenmascaró una vez más la política de gatillo fácil que alientan dirigentes políticos de la derecha, sino que demostró cuán liviana e incapaz es la respuesta sindical del fútbol argentino.

En una reciente nota de Maximiliano Uria en el suplemento deportivo de Clarín, Carlos Marinelli, el ex jugador de Club Parque, Argentinos, Boca y Middlesbrough, dejó una serie de reflexiones acerca del mundo futbolero de estos tiempos. Una palabra, rara vez usada, y en boca de un protagonista dispara esta columna. Marinelli habló de divismo. Divismo en el ambiente del fútbol.