Opina Deporte

Como un ejército de moscas que revolotean sobre la carne podrida, una serie de oportunistas medios de comunicación deportivos, se acordaron de los dirigentes de los clubes argentinos y su maléfico estilo de conducir a las instituciones.

Esta página viene advirtiendo, desde hace años, el gran negocio que se oculta detrás de las múltiples maratones que se organizan en la Ciudad de Buenos Aires con el auspicio y la participación económica del diario Clarín, la complicidad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la supuesta fiscalización de la Federación Atlética Metropolitana y la Confederación Argentina de Atletismo.

 

Se busca vicepresidente. Este debería ser el cartel más urgente a colgarse en la puerta de Viamonte 1366. Porque el señor Daniel Angelici, hasta el momento portador del cargo en cuestión, hizo gala una vez más de su instinto pro-artículo 79 del Código Penal, y cual goloso cazador de enemigos, jaraneaba en la Barcelona de la reciente goleada sufrida por Boca: "Yo te quiero Boca Juniors, Yo te quiero de verdad. Quiero la Libertadores y una gallina matar".

Arranque mediocre de la inflada Superliga, así que no hay mucho para decir. En este fútbol que cada vez se parece más a un supermercado, la posibilidad de comentar jugadas buenas o buenos equipos se achica a nivel nacional. Los colegas hablan cada vez más de pases que vienen y pases que van que del mismo asunto del fútbol.

Cada vez que Marcelo Bielsa genera un acto de humanismo, sensibilidad o respeto por los Derechos Humanos, los periodistas deportivos, en su mayoría, se tientan y recurren al título estúpido: Otra locura de Bielsa.

El cuento de hadas que decenas de periodistas repetían hace unos meses y del que se hacían eco los periodistas deportivos, nublaba la mente de millones de argentinas/os, sumergidos en una euforia que se alentaba desde el gobierno. Vivían en una burbuja.

Ya está. Se van extinguiendo esas raras sensaciones que, en tiempos de Mundial, se nos producen a todos los /las argentinos/as. Excepto los borgeanos, enemigos del fútbol, el resto del país ha opinado de fútbol, del seleccionado, de la AFA, de Sampaoli y de Messi como nunca en su vida.

A la desinfomación abundante que día tras día se apropia de la TV Pública, Radio Nacional y todos los medios que maneja el gobierno, sólo le quedaba como última prueba la transmisión de la final de la Copa del Mundo.

De pronto, a un sector de la prensa deportiva argentina se le ocurrió que la manera de mejorar nuestro fútbol es bajo la sencilla receta del plagio. Copiar a los europeos.

En un contexto de histerias y con escenografías colmadas de lirios y crisantemos, transcurrirán las próximas semanas del andar deportivo en el país. Tendremos de todo: reyertas dialécticas por el final del Mundial, tertulias interminables por el futuro de Messi, ridículas evocaciones a situaciones de otros Mundiales, recursos verbales de los más insólitos para calificar a Sampaoli y unos cuantos miles de engendros mediáticos dispuestos a decir lo que nunca dijeron bajo el paraguas inocente e incomprobable de “yo lo había dicho antes”.