Opina Deporte

Nuestro país tiene varias cuevas de antidemocracia no desinfectadas. El Poder Judicial en general, una de ellas. Con unos cuantos jueces que reinan en forma vitalicia y donde el voto popular es ahuyentado por los distintos operadores y corporaciones del mundo de la justicia.

Cuando Scott Gant escribió su libro “Todos somos periodistas ahora” pensábamos que se trataba de retomar una vieja idea de quienes reclamamos, para todo los pueblos, los derechos de libertad de expresión, comunicación información y expresión que se pretenden sólo para los dueños de los medios y las y los periodistas.

Ha sido la gran noticia del periodismo deportivo: Angela Lerena será la primera mujer que comentará por televisión, en la Argentina, un partido de la Selección Nacional. 

De las dos formas que existen de hacer periodismo (siempre de acuerdo al lugar de la lucha de clases en que te posiciones), una de ellas está más cerca de la verdad.

En este cambalache de ideas que pretenden imponer  los medios hegemónicos en el mundo, hay espacio también para el deporte y el periodismo deportivo.

Favio Orsi, técnico de San Martín de Tucumán tiene Coronavirus. La semana pasada, después de la confirmación de la mala noticia, puso un mensaje en su cuenta de Twitter: “Seamos concientes, no quemen barbijos. Mi hermano, mi vieja y yo estamos aislados, y con un dolor inmenso de tener a mi viejo con respirador en terapia intensiva con el peor de los pronósticos. No hay adjetivo calificativo que pueda describir tanta maldad !!!! Dan asco!!!!".

Ya está. Se terminó. Y al final de cuentas, ninguno de los millones de periodistas que por todo el mundo se pasaron quince días hablando de Messi y su salida del Barcelona, acertó.

¿Será tan difícil contar la verdad? Si el objetivo de tanto homenaje a los cien años de la radiofonía argentina era lavarles la cara- y el pasado- a unos cuantos horribles personajes y dueños de medios que afearon la comunicación y el periodismo, pues han cumplido.

Vivir en un país donde cualquiera puede decir lo que se le canta es uno de nuestros orgullos democráticos.

De las pestes periodísticas que surcan los mares en estos últimos meses, la del “vale todo” es una de las más enfermizas.