Opina Deporte

Triste radio, radio Rivadavia. Esta semana la parafernalia publicitaria anunciaba la nueva etapa de la emisora que aún pretende el renacimiento de la 630. Bajo el mote de relanzamiento en realidad se pregonaba el regreso de una serie de personajes que nunca aportaron buenas cosas para la prensa argentina.

Expulsado de sus aspiraciones presidenciales por la indignación popular y el voto, Mauricio Macri encontró refugio en las paradisíacas oficinas de la FIFA y sus satélites (la Fundaciòn FIFA es uno de ellos) y la prensa deportiva argentina, como suele suceder, bien gracias.

¿Usted sabe quién es Felicia Sonmez? Si no es lector del mejor suplemento periodístico del momento (Las 12 de Página 12) o de los pocos medios argentinos que la mencionaron esta semana, no se enterará jamás. Reportera del Washington Post, Felicia fue suspendida después de recordar en las redes sociales que en 2013 el fallecido Kobe Bryant había sido denunciado por abuso sexual.

El crimen de Villa Gesell con los diez asesinos en el centro de las miradas, habilitó el tradicional desfile de sanata y guitarreo por la prensa deportiva. Una de las especialidades que mejor cultivamos desde la prehistoria de nuestra actividad.

Década nueva, año nuevo, periodismo viejo.

Cuánto se ha perdido en el periodismo argentino en estos años últimos de soberana desgracia. Y ni les cuento en el periodismo deportivo, ése lugar donde parece una utopía la construcción de un modelo distinto para una profesión aún sepultada por los fantasmas de aquellos tiempos terribles de ídolos de barro maloliente.

Para esta fecha, lo habitual es confeccionar los aburridos resúmenes del año, constatar cuántos recuerdos se acumulan para dar paso a las elecciones sin sentido: “el mejor deportista del año”, “los mejores goles”, “los mejores momentos”.

La degradación que sufrió el deporte en los últimos cuatro años, forma parte de los escombros que en forma inmediata se debe reconstruir desde un gobierno que apunta a darle contenido popular a su gestión. La oportunidad está más que abierta y las ilusiones de millones de argentinas/os también.

Las elecciones nacionales y las celebradas el domingo en Boca se parecen. O al menos nos debemos una conjetura apresurada a pocas horas de momentos decisivos para el país y, quizás, para una parte del manejo deportivo en la Argentina.

Tremendo lodazal aquel en que se metió Juan Román Riquelme al acusar al periodista Tato Aguilera de radio Mitre de ser empleado del presidente de Boca, Daniel Angelici y de estar involucrado en las picantes elecciones de Boca que se vienen.